Transmigré como sirviente en una novela +19 de un ex jefe mafioso - Capítulo 47

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—¿Por qué… me mira así?  

 

—Ah… No, si le resultó incómodo, lo siento. Solo quería darle las gracias.  

 

—¿Las gracias?  

 

Ante las palabras inesperadas de Hwanhee, ladeé la cabeza, preguntándome por qué tendría que agradecerme algo.  

 

—Sí. No soy muy bueno hablando, así que estuve pensando cómo decirlo.  

 

—¿Pero por qué…?  

 

—Nuestro menor últimamente está mucho más alegre. Me dijeron que todo es gracias a usted, señor Park Gyumin.  

 

“¿Ah, Hwanyeong?”

 

Bueno, eso era cierto. Me había esforzado mucho en distintas cosas.  

 

Incluso yo mismo pensaba que merecía un agradecimiento, así que asentí.  

 

—En el incidente del secuestro también fue usted quien encontró primero al menor. Son demasiadas las cosas por las que debemos agradecerle, y quería hacerlo personalmente.  

 

Aunque al principio me había alabado a mí mismo, escuchar el agradecimiento sincero de Hwanhee me hizo sentir vergüenza.  

 

En realidad, habían sido cosas que hice sin pensarlo demasiado. No era que hubiera hecho algo tan extraordinario.  

 

Me rasqué la mejilla y respondí:  

 

—No, no. Fueron cosas que hice sin pensar demasiado, nada más.  

 

—Esta deuda la devolveré algún día. Si alguna vez necesita ayuda, dígamelo.  

 

—…Sí. Entendido.  

 

Así que esto es lo que significa que el protagonista brille.  

 

Hwanhee había perdido a sus padres de niño y, aun así, había logrado dirigir a tantos miembros de la organización. Lo normal habría sido que se torciera, pero él había crecido recto y fuerte.  

 

Como jefe de la misma organización, solo podía sentir orgullo por él.  

 

Poco después llegó la comida y nuestra conversación se interrumpió allí.  

 

Aun así, a diferencia del principio, el silencio no resultaba incómodo. En esa atmósfera tranquila, Hwanhee y yo terminamos la comida en paz.  

 

—Estuvo delicioso.  

 

—Sí. Ya es tarde, volvamos a casa.  

 

Nos subimos al coche para regresar.  

 

El maletero estaba lleno de regalos para Hwanyeong. Al verlos, sonreí.  

 

“Mañana estará encantado. Con tantos regalos, cómo no alegrarse.”

 

El coche arrancó.  

 

“¿Qué debería prepararle mañana? Carne de res a la parrilla… ¿y qué más…?”

 

Mientras pensaba en el desayuno de Hwanyeong, miré por la ventana. De pronto, en el retrovisor apareció un coche negro.  

 

“Hmm, sospechoso.”

 

Era un coche común, pero seguía nuestra ruta en cada giro.  Una inquietud me recorrió.  

 

Miré a Hwanhee de reojo. Su rostro, antes sereno, ahora estaba helado. Él también lo había notado.  

 

¿Nos están siguiendo?  

 

—…Aumentaré la velocidad.  

 

—De acuerdo.  

 

Con esas palabras, Hwanhee aceleró y comenzó a abrirse paso rápidamente entre los demás vehículos.  

 

Hwanhee aceleró y se abrió paso rápidamente entre los demás coches.  

 

La velocidad era tan alta que yo me aferré al cinturón de seguridad, moviendo los ojos nervioso.  

 

Ese coche no parece tener intención de dejarnos escapar.  

 

El vehículo seguía pegado con obstinación, y Hwanhee soltó un suspiro.  

 

Yo también había vivido experiencias similares: otros miembros de organizaciones que seguían a alguien con tal de descubrir algo.  

 

En esos casos, lo mejor era enfrentarse directamente. Que muriera yo o que murieran ellos.  

 

Si solo se tratara de una vigilancia, habrían desistido al ser descubiertos. Pero al seguirnos sin descanso, estaba claro que el objetivo no era la vigilancia, sino Hwanhee mismo.  

 

Pensando que sería imposible despistarlos, Hwanhee condujo hacia un lugar solitario.  

 

El coche se detuvo frente a una vieja fábrica abandonada, sin gente alrededor. Era lo mejor, no podía llevarlos hasta la casa.  

 

—No salga del coche bajo ninguna circunstancia. ¿Entendido?  

 

—Sí. Tenga cuidado.  

 

—No se preocupe. Lo resolveré rápido.  

 

Con esas palabras, Hwanhee salió. Yo aflojé el cinturón y agarré la manilla de la puerta, listo para bajar en cualquier momento.  

 

Afuera no había solo un coche negro. Detrás de él se habían detenido una o dos furgonetas grandes, de las que salieron en tropel los matones.  

 

Eran más de veinte rodeando a Hwanhee.  

 

“¿Cómo cabían tantos en esas furgonetas?”

 

Todos llevaban palos y tubos de metal. Por suerte, ninguno tenía armas de fuego.  

 

En esta novela las pistolas casi nunca aparecían. Quizá porque en la realidad conseguir una era tan difícil como alcanzar una estrella, y eso estaba bien reflejado.  

 

“…Cobardes. Esperaron a que Hwanhee saliera solo para atacarlo entre tantos.”

 

Desde dentro del coche no se escuchaba bien lo que decían afuera.  Parecía que intentaban hablar, pero como la conversación no prosperaba, el ambiente se volvió amenazante.  

 

Bueno, ya habían venido preparados para pelear, así que nunca hubo posibilidad de diálogo.  

 

Hwanhee, como si estuviera acostumbrado a estas situaciones, apretó los puños con firmeza.  

 

Y enseguida comenzó la pelea.  

 

—…Oh, nada mal.  

 

Así que esto es lo que significa ser un jefe.  

 

Era la primera vez que veía pelear a Hwanhee, y no pude evitar admirarlo.  

 

Pensaba que Hwangyu también sabía luchar bastante, pero Hwanhee era claramente distinto.  Era como si volara en medio del combate.  

 

En la novela se decía que Hwanhee era increíblemente fuerte, pero nunca había tenido una idea clara de cuánto.  Ahora lo veía, no era más fuerte que yo, pero sí más que “Camarón”, mi antiguo brazo derecho.  

 

—Pero aun así, son demasiados.  

 

Lo habían preparado bien para atraparlo.  

 

Ni siquiera Hwanhee esperaba que apareciera tanta gente.  A medida que la pelea avanzaba, su rostro se iba ensombreciendo.  

 

“¿Qué hago?  ¿Y si Hwanhee perdía?”

 

Claro, por la “ley del protagonista” no moriría, pero salir conmigo a comprar regalos para Hwanyeong era un evento fuera del guion original, y eso me preocupaba.  

 

Si lo ayudaba sin más, Hwanhee empezaría a sospechar de mí.  Un sirviente más fuerte que él… yo también lo encontraría extraño.  

 

Hwanhee no era como el simple Hwangyu.  

 

En ese momento, Hwanhee no alcanzó a ver el garrote que lo golpeaba por la espalda y cayó al suelo.  

 

—¡Maldición!  

 

Ya no podía quedarme mirando. Abrí la puerta del coche y corrí hacia afuera.  

 

—Ja, ¿y ese era el jefe del clan Chonryong? ¡Impresionante! Si hubiéramos traído menos hombres, habríamos muerto.  

 

—¿Lo ves? Te dije que trajéramos más. Casi nos sale mal.  

 

—Eh, eh. Basta de charla, carguen rápido a los heridos y también al que acaba de caer, antes de que alguien nos vea… Ah…  

 

Cuando intentaban meter a los heridos y al propio Hwanhee en el coche, me vieron y se detuvieron.  

 

—Mientras ustedes charlaban, alguien ya nos estaba mirando.  

 

—Oye, ese salió del coche.  

 

—¿Qué? ¿Tenía acompañante? ¿Y por qué lo dices recién ahora? ¡Eh, tú! ¿Quién eres? ¿Qué relación tienes con este tipo?  

 

Yo había esperado pasar desapercibido, pero era demasiado pedir.  

 

Pensé cómo presentarme y opté por la respuesta más neutral:  

 

—Eh… un ciudadano decente que pasaba por aquí.  

 

Pero mi respuesta no les gustó. Sus rostros, ya de por sí amenazantes, se volvieron aún más feroces.  

 

Yo había dicho la verdad. Antes quizá no, pero ahora sí era un simple extra, un ciudadano inocente. Qué injusticia.  

 

—¿Qué? ¿Qué tontería es esa?  

 

—Te vimos salir de ese coche. ¿Qué relación tienes con él? ¿Eres también de la organización?

  

—…¿Y si lo conociera? ¿Cambiaría algo la situación?  

 

Me agaché y recogí un tubo de hierro del suelo. Quedaban ocho hombres en pie.  

 

Menos mal que Hwanhee quedó inconsciente. Si no, me habría resultado difícil moverme a mi antojo.  

 

—¡Silencio! A ese lo dejamos aquí, ¿entendido? 

 

—¿Qué dices? ¡Mírate, insignificante como una bolita de ratón! Oye, acaben con él.  

 

“Ah, esto sí que me enfurece.”

 

—¿A quién llaman bolita de ratón? Ya bastante me molesta ser tan pequeño… ¿Quieren morir?  

 

Las palabras me salieron más ásperas de lo habitual.  Habían tocado justo lo que más me irritaba. Estaban acabados.  

 

—¡Este bastardo! ¡Aaagh!  

 

Uno de ellos se lanzó hacia mí.  

Sin dudarlo, levanté el tubo de hierro y lo descargué sobre su cabeza.  

 

El golpe fue certero.  El hombre gritó y salió volando.  Sí, literalmente volando.  

 

“Vaya… ni siquiera controlé mi fuerza. ¿De verdad me he vuelto tan fuerte? Un solo golpe y esto… Me gusta.”

 

—¿Qué… qué demonios…?  

 

—Vamos, vengan de uno en uno. Tengo que acabar rápido, aún debo preparar la cena.  

 

—¡T‑todos contra él!  

 

—¡Aaaahhh!  

 

ˏˋ꒰♡ ꒱´ˎ

 

—Hmm~ hmm~  

 

Me sentía bien.  

 

Alrededor, los matones estaban tirados por todas partes, cubiertos de sangre.  

 

No los había matado, así que con el tiempo recuperarían la conciencia y se irían al hospital o regresarían a su organización.  

 

Hacía tiempo que no me desahogaba así.  

 

Subí al inconsciente Hwanhee al coche y revisé rápidamente su estado.  

 

Por suerte, solo tenía un golpe en la cabeza, hinchado por el impacto del garrote, pero nada más grave.  

 

Conduje de regreso a la casa.  

 

Afortunadamente, en esta novela manejar no era distinto de la realidad, así que no tuve problemas.  

 

De vez en cuando miraba el retrovisor. Tenía que asegurarme de que nadie más nos siguiera.  

 

Si Hwanhee protegía la casa, yo también debía hacerlo.  

 

Por suerte, no había más perseguidores.  

 

Al llegar, estacioné el coche y miré a Hwanhee.  

 

Seguía inconsciente. Si lo llevaba dentro así, todos se preocuparían…  

 

Además, sus gafas estaban algo rotas. Se las quité suavemente y vi que tenían una grieta.  

 

—Ugh…  

 

En ese momento, Hwanhee se movió.  

 

—…Señor, ¿está bien?  

 

Al sacudirle ligeramente el hombro, los ojos fuertemente cerrados de Hwanhee se abrieron.  

 

Se veía extraño, aturdido.  

 

—¿Señor?  

 

—Ah…  

 

Hwanhee me miró parpadeando, pero sus ojos no tenían enfoque.  

 

“¿Qué pasa? ¿Le golpearon mal la cabeza? ¿Debí llevarlo al hospital en vez de a casa?”

 

—¿Cuántos dedos ve? ¿Sabe quién soy?  

 

—Esa voz… me resulta familiar.  

 

—¿Eh?  

 

—…¿Hanyul?  

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