El gato está en huelga - Capítulo 142
Los ojos grises rodaron siguiendo las líneas del texto.
[El mago Kiyan, condecorado por su destacada contribución al mantenimiento del orden imperial gracias al desarrollo de artefactos mágicos de rastreo, ha sido desenmascarado por secuestrar civiles y venderlos en secreto, causando una gran conmoción. La familia imperial ha emitido una orden de búsqueda a gran escala.]
[…Actualmente se investiga la ruta exacta de las transacciones. Los caballeros imperiales que colaboran en la investigación han hallado numerosas víctimas adicionales en el sótano de la mansión del mago…]
[…Kiyan sigue prófugo, y se presume que aún no ha abandonado la capital. La guardia plantea la posibilidad de que cuente con múltiples cómplices.]
No le tomó mucho tiempo comprender el contenido, pues solo leyó las partes que parecían más importantes.
Pero en realidad, había algo más que captaba su atención. La mirada de Ries descendió hasta el final del artículo.
| [Si alguien ha visto a un hombre con estas características, por favor repórtelo a la guardia más cercana.] |
Un cartel de advertencia, escrito en letras gruesas como si lo hubieran repasado varias veces, y justo debajo, un retrato de gran tamaño.
El hombre retratado tenía un bigote de forma algo peculiar, pero en general su aspecto era pulcro. A simple vista, su rostro era tan impecable que costaba creer que hubiera cometido actos tan atroces.
Ries frunció el ceño sin disimulo.
‘Por más que haya gente distinta por dentro y por fuera, no deja de sorprenderme que existan tipos así.’
Según lo que había oído del gran ministro, incluso la calamidad que asoló al imperio en el pasado se originó en la caza y el tráfico de seres bestia.
Parece que, por más tiempo que pase, estos egoístas no desaparecen.
Si esos que comercian incluso con otros humanos llegaran a descubrir la existencia del último ser bestia que queda en el mundo… ¿qué no harían? Estaba segura: no sería diferente a lo que ocurrió en el pasado.
Justo cuando esa sensación de peligro por mantener su identidad oculta comenzaba a inflarse dentro de su pecho, algo tocó sus labios con suavidad.
—¿Eh?
—Ah.
Abrió la boca por instinto y masticó lo que le ofrecían. Un sabor dulce y ligeramente amargo se esparció por toda su boca.
—Parecías estar de mal humor.
Ahora se daba cuenta: era un trozo de muffin, cortado en un tamaño justo para comer de un bocado. Justin pinchó otro pedazo con el tenedor y se lo ofreció con calma.
Ries no lo rechazó y se lo comió de inmediato.
—Hmm, ya me siento mejor.
No lo dijo por cortesía. Realmente se sentía así. Al saborear lo dulce, la incomodidad que la embargaba pareció disiparse un poco.
En algún momento, Justin había doblado el periódico que estaba leyendo y lo había dejado a un lado del sofá. No era difícil notar que sabía exactamente en qué estaba pensando el.
‘Bueno, qué más da.’
En lugar de pedir de nuevo el periódico, Ries apoyó la cabeza en el hombro de su amante.
Con la orden imperial movilizando incluso a los caballeros reales, ese mago no tardaría en ser capturado.
Borró de su mente el retrato flotante de aquel hombre y preguntó otra cosa.
—Dentro de unos días empieza el Festival del Descanso, ¿no? ¿Cuándo iremos al templo?
—Pronto, muy pronto.
Una mano desnuda, sin guantes, jugueteó con los mechones dorados que caían sobre su hombro. Era una caricia tan suave y cuidadosa como si estuviera acariciando a un gatito.
Justin, sin detener el movimiento de sus dedos, miraba por la ventana con las cortinas completamente descorridas. El cielo, teñido de gris, parecía a punto de romperse en lluvia.
ˏˋ꒰♡ ꒱´ˎ
‘Dijo que iríamos pronto, pero no pensé que fuera tan literal.’
A la mañana siguiente, Ries subió medio dormido al carruaje, ya vestido y listo para salir desde temprano.
A diferencia de otras veces, el carruaje no era ostentoso por fuera ni exageradamente espacioso por dentro.
Solo dos caballeros los acompañaban. Habían reducido el séquito al mínimo. Según había oído, el objetivo era visitar sin anunciarse oficialmente, con la mayor discreción posible.
Durante el trayecto, se quedó dormido y despertó varias veces. Creía haber usado el hombro de Justin como almohada sin ningún reparo.
Fue entonces cuando el carruaje se detuvo de golpe. Justo en ese momento, Ries recobró la conciencia.
—¡¿Miaaauu?!
Un chillido agudo y quejumbroso se oyó de algún lugar. Sus ojos, que estaban a punto de cerrarse de nuevo, se abrieron de par en par.
Se incorporó torpemente y asomó la cabeza por la pequeña ventanilla. En medio de una calle desierta, una bola de pelo negra rodaba por el suelo.
—Justin, voy a bajar un momento.
—¿Qué? Espera…
Había algo en esa figura que le resultaba extrañamente familiar.
Antes de que Justin pudiera terminar de hablar, Ries ya había abierto de golpe la puerta del carruaje. Incluso pidió disculpas al caballero que montaba guardia, quien se sobresaltó, y se acercó rápidamente.
—¡Ay, por poco lo atropellamos! ¡Oye, quítate de ahí!
—¡Miaaaau!
Entonces pudo identificar claramente lo que bloqueaba el paso del carruaje.
Un cuerpo sucio, como cubierto de polvo, pelaje negro erizado, una cicatriz que cruzaba entre los ojos. La cola, rígida como una vara, se alzaba desafiante en el aire.
Era… un gato. Uno que había visto hace mucho tiempo.
—¡Ah! ¿Ha… ha venido usted en persona? Disculpe, partiremos de inmediato…
—No, está bien. Yo me encargo. Solo explíquele la situación a Su Excelencia.
Detuvo al cochero, que se había levantado de un salto, y se adelantó en su lugar. El rostro del hombre, de pronto enfrentado a la posibilidad de quedarse a solas con el duque, se puso lívido, pero Ries no lo notó.
Incluso apartó al caballero que se ofrecía a espantar al intruso y se dirigió al frente del carruaje.
El gato negro empezó a bufar con más fuerza y a retroceder, pero lo hacía con una lentitud comparable al arrastre de una oruga.
No era una impresión suya, era el mismo gato que había visto aquella vez. Justo cuando escapaba de la mansión del marqués y vagaba por las calles, bloqueándole el paso en el basurero al que había acudido para sobrevivir…
‘Durante un tiempo, hasta lo veía en sueños.’
No era que tuviera a alguien dentro, como él, pero su sonrisa era tan ruin que resultaba imposible de olvidar. En aquel momento, había odiado a ese gato matón con toda su alma.
Pero ahora que lo volvía a ver, algo en su interior se enternecía. Tal vez porque sabía, aunque fuera un poco, lo que era vivir así.
‘¿Estará herido? Tiene una cicatriz que no le había visto antes.’
No conocía todos los rincones de la capital, pero sabía que estaban lejos de aquel callejón. Quizás había perdido una pelea territorial y había huido hasta aquí.
En lugar de acercarse más, Ries se agachó frente al gato y extendió la mano. Solo lo suficiente para que pudiera olerla.
—Oye. ¿Te acuerdas de mí?
—¡Miaaaauuurrrgh!
Pero lo único que recibió fue un alarido salido del mismo infierno. Por un momento, al verlo olfatear, pensó que lo había reconocido. Pero no, al parecer no era así.
‘Bueno, es cierto que he cambiado bastante desde entonces.’
Ahora tenía la apariencia de un humano, después de todo.
Y por lo visto, el mal genio del gato seguía intacto, porque de inmediato intentó arañarlo con una de sus patas delanteras. Ries esquivó con rapidez y soltó una sonrisa torcida. Le parecía que los ojos del animal estaban aún más fieros que antes.
—Deja de hacerte el bravo y espera un poco. Traje algo que podrías comer…
En lugar de retirarse, rebuscó en su ropa. Durante el trayecto en carruaje había traído algo para picar, y entre eso debía haber algo que incluso un gato común pudiera comer.
Sacó unos trozos de manzana deshidratada y unas chips de bagel. Si ese condenado gato hubiera tenido un poco de paciencia, habría podido desenvolverlos con calma y ofrecérselos.
—¡Ah…!
No lo arañó. Solo le arrebató lo que tenía en la mano.
Ries miró su palma vacía y luego la silueta del gato alejándose a toda prisa con su botín.
…Pensó que se sentiría mejor si al menos lograba darle de comer, pero no fue tan simple.
—Los débiles suelen ser así por naturaleza.
Fue entonces cuando alguien se le acercó sin hacer el menor ruido y le habló. Ries se estremeció del susto, pero Sepite no pareció notarlo y siguió hablando como si nada.
—Ay, qué torpe. ¿Ya te lo quitó todo?
—¡Ah! ¡Me asustó!
—No es para tanto.
Por poco suelta un grito del susto. Ries, consciente de los caballeros apostados en los alrededores, logró contenerse y bajó la voz mientras entrecerraba los ojos para mirar con fastidio al muñeco flotante.
—Entonces, ¿qué quiso decir con eso de antes?
—Lo que oíste. Cuanto más débil es alguien, más intenta ocultarlo para sobrevivir. Afilan sus espinas para protegerse. Como ese que salió corriendo hace un momento.
—……
Lanzó una mirada fugaz en la dirección por la que había huido el gato. …Sepite tenía razón.
—Y eso vale tanto para humanos como para animales. Así que mantente alerta, pero no intentes encontrarle sentido a cada cosa que hagan los que te rodean. Hay gente retorcida por todas partes.
—Y quién sabe. Tal vez ese gato te odia tanto porque, en el fondo, te teme. Y se esfuerza por ocultarlo. Si lo piensas así… resulta bastante gracioso.
Hablaba sin parar, enlazando una idea con otra. Ries lo escuchaba parpadeando en silencio, hasta que de pronto, como si se encendiera una vela, una idea le cruzó la mente.
—Entonces… ¿está preocupado por mí?
—…Esto es porque eres un despistado. Cada vez pasarás más tiempo viviendo como humano, y no quiero verte por ahí recibiendo palizas por decir lo que no debes.
Ries frunció la nariz con fuerza. Era para contener la risa que amenazaba con escaparse.
‘No lo niega.’
Podrá refunfuñar todo lo que quiera, pero no es capaz de decir que no le preocupa. Muy propio de él.
Estaba a punto de girarse para volver cuando lo hizo junto a él. Una figura, de pie junto a la puerta del carruaje, lo recibió con la mirada.
—¿Jus… duque? ¿Qué hace ahí parado?
Por poco deja escapar su nombre, pero logró tragárselo a tiempo.
—…Nada.
—Ese tipo lleva un rato asomado así desde que saliste.
—……
La respuesta de Justin fue de lo más indiferente, pero no tardó en ser delatada por Sepite, que iba unos pasos por delante.
Aunque, incluso sin su intervención, la escena ya resultaba sospechosa. Se le notaba que fingía tener las manos a la espalda, pero no dejaba de juguetear con los dedos.
—Ah.
Al verlo, Ries comprendió de inmediato por qué estaba así.
‘Tenía miedo de que el gato se escapara.’
Desde ese momento, su labio superior empezó a temblar sin piedad. Si bajaba la guardia aunque fuera un poco, estallaría en carcajadas allí mismo, frente a los caballeros.
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♥ Gracias ♥
Hola muchas gracias a todos por leer en Newcat ♥