El gato está en huelga - Capítulo 174
“Primero habrá que avisar a la guardia…”
Una vez lo entregaran sin contratiempos, quizá sería buena idea contactar directamente al príncipe heredero. Aunque, claro, Justin se encargaría de todo. Era justo en ese momento, mientras calculaba con calma los pasos por venir, que la voz de Sepite, aún acurrucado en su regazo, murmuró de pronto. Los ojos redondos de la muñeca vagaban por el aire sin rumbo.
—En fin, gracias a esto he presenciado algo muy raro. Es… cómo decirlo…
No, mirado de nuevo, no era del todo vacío. Más bien parecía que repasaba una y otra vez la trayectoria del maleficio, como si quisiera asegurarse de no olvidar el rastro que había dejado.
—¿No te parece que está vivo?
La frase surgió de golpe, inesperada y, al mismo tiempo, fascinante.
La mirada de Ries descendió de manera instintiva. Justin, aunque no lo mostrara, seguramente también estaba atento a esas palabras.
—A mis ojos parecía más bien que huía.
—¿Huir…?
El término resonó en su mente. Tenía sentido.
Y, al instante, un recuerdo difuso comenzó a desbordarse. En realidad, era aquella breve conversación de entonces que volvía a sacudirle la memoria.
—Las criaturas débiles siempre hacen eso.
En aquel momento, Sepite, con el cuerpo maltrecho y sucio, había visto a un gato que escapaba con una bolsa de pan entre los dientes, y comentó aquello.
—Cuanto más débiles son, más intentan ocultarlo para sobrevivir. Se defienden erizando espinas más afiladas. Igual que ese que acaba de huir.
La imagen del fragmento de la maldición, que se desvanecía a toda prisa, se superponía con la del gato.
Compararlos era injusto para el animal, lo comprendió enseguida y abandonó la idea. Pero aun así, una sensación extraña se le quedó prendida.
¿Por qué justo ahora volvía a su mente esa frase?
Debilidad. Instinto de vivir. Huida… Palabras que se encadenaban una tras otra, enredando sus pensamientos. Era, sin duda, un problema más profundo.
“¿Acaso la maldición posee un yo?”
Al recordarlo, resultaba verdaderamente extraño.
Hasta ahora, incluyendo esta ocasión, se había topado con aquel fragmento de maldición tres veces. Una vez apenas lo había visto de refilón, pero las otras dos no fueron así.
Su reacción era siempre la misma: ocultarse tras una maldición mayor, y si lo descubrían, abandonar al huésped sin dudar y escapar volando como si nada.
Cuanto más lo evocaba, más clara se volvía la impresión:
“Astuto.”
Sabía que era una expresión incómoda para algo que ni siquiera estaba vivo. Sin embargo, no encontraba otra más adecuada.
La cadena de pensamientos se interrumpió de manera imprecisa poco después. Tras unos minutos de volver sobre sus pasos, finalmente llegaron al destino.
Al doblar un callejón, apareció la silueta de un hombre tendido en el suelo. …El cuerpo boca abajo, los brazos y piernas desparramados. Exactamente en la misma postura en que lo habían dejado.
—Tsk, tsk… todavía no ha recobrado el sentido.
Con Sepite colgado de su pecho, Ries se acercó lentamente al cuerpo del hombre. Alzó el dedo índice y lo hundió con firmeza en la zona del esternón.
—…….
Como era de esperar, no hubo respuesta.
“…¿Lo habré golpeado demasiado fuerte?”
Por un instante lo pensó. Aunque pronto negó con la cabeza. Era mucho mejor así que tenerlo forcejeando y complicando las cosas con un intento de fuga.
El hombre fue levantado como un fardo por Justin. Ries lo siguió con la mirada un momento, antes de avanzar junto a él.
—¿Conoces el camino?
—Sí. Habrá que escoger lugares poco transitados, pero…
Con la voz apagada, Justin murmuró bajo la capucha. Ries podía adivinar fácilmente sus preocupaciones.
Ya de por sí su aspecto resultaba sospechoso, y ahora cargaba con un hombre inconsciente como si fuera un saco. Con que no se toparan con alguien que gritara y huyera despavorido, sería suficiente.
Al final, aquella situación incómoda no llegó a ocurrir. Aunque sí se toparon con un guardia que, en su lugar, soltó un grito.
De cualquier modo, aquella salida iniciada con cierto impulso terminó resolviéndose sin mayores problemas.
De vuelta en la mansión, que ya se sentía como un hogar, Ries bajó la mirada hacia lo que llevaba en brazos.
—He probado esto y aquello, y aún me deja con ganas.
Sepite volvía a relamerse, aunque no hacía tanto que había comido. En su rostro claro y vacío ya no quedaba ni rastro de la sombra que antes lo ensombrecía.
“Se ve mejor que antes.”
Ries sabía que era imposible librarse por completo de la carga, así que decidió conformarse con lo que había. Sonrió y preguntó:
—Aquel picante y ácido… ¿cómo se llamaba? En fin, ese raro calamar frito que le gustaba. ¿Quiere que le pidamos algo parecido?
—¿No es demasiado apresurado?
—Todavía estamos a tiempo. Avisaré al cocinero con antelación.
—Hmm, en ese caso…
Sepite no rechazó la propuesta, a la que también se sumó Justin. Había adquirido el hábito de tener siempre algo en la boca, como si fuera un muñeco… o más bien un fantasma.
ˏˋ꒰♡ ꒱´ˎ
Pasaron algunos días más.
La capital, tras la multitud que había acudido, recuperó su bullicio moderado. El festival de descanso había concluido con éxito.
¿Y entonces volvieron al ducado?
No, no pudieron. Aunque los objetivos iniciales se habían cumplido, Justin aún tenía asuntos pendientes.
Su nombre: acabar con los restos del mercado negro.
Ries se encargaba sobre todo de identificarlos.
—Si te incomoda, dilo. Me cambiaré a una túnica más ligera.
—Mmm… nyang.
En realidad, su tarea se reducía a una sola cosa: permanecer en brazos, convertido en gato.
Justo como ahora.
Se acurrucó, apoyando la cabeza en el brazo de Justin. Los músculos firmes le ofrecían un soporte estable. La cola rozaba suavemente el otro brazo.
Parpadeó una vez. El calor que se filtraba por el pelaje y la penumbra acogedora que los rodeaba le daban la habitual sensación de calma.
No debía maullar, ni moverse, y la túnica lo mantenía encerrado, sin visión alguna. ¿Creerías que incluso este lugar lo consiguió tras largas súplicas?
Desde el principio, Justin no deseaba que el lo acompañara en la investigación.
Ries lo comprendía. El rostro con que lo decía era idéntico al de aquel día en que, con voz temblorosa, confesó su miedo de perderla por la codicia de alguien.
Por muy insignificantes que fueran, el contacto continuo con los hombres del mercado negro podía filtrar información. Y si llegaban a descubrir la existencia de un suin, como lo había hecho el marqués Merillin…
El marqués, fuera por precaución hacia la corona o por simple indiferencia, no había mostrado movimientos visibles. Pero ¿qué garantía había de que esos otros actuarían igual?
No, era seguro que no lo harían. Hombres capaces de comprar y vender a sus semejantes por dinero jamás dejarían de extender la mano hacia un suin.
Eso era lo que preocupaba a Justin.
Sin embargo, esta vez Ries se mostró inflexible.
“¿Debería contenerme, cuando quizá pueda liberar la maldición por completo?”
Tras acabar con la banda de Averitt, que corroía la casa ducal, Ries había comprendido algo:
Ni la malicia, ni el miedo, ni el odio bastaban por sí solos. Era raro que la gente común albergara emociones tan intensas como para que la maldición se les adhiriera.
Gracias a sus constantes bendiciones, la maldición se debilitaba, y Justin mismo se esforzaba por cambiar.
“Si dejamos escapar a estos hombres, ¿cuándo volveré a tener la oportunidad?”
Esa idea la llenaba de ansiedad. Al ver la piel limpia, sin venas negras, intuía que la cima estaba cerca, y la urgencia crecía.
Lo expresó con insistencia.
Como humana, hablaba sin cesar hasta cansar a Sepite. Como gata, lo miraba con unos ojos suplicantes dignos del Gato con Botas.
Tras varios días de insistencia, Justin acabó rindiéndose. Finalmente le permitió acompañarlo.
…Con la condición de que no mostrara su aspecto, claro.
Por eso ahora Ries permanecía oculta bajo la túnica, en forma de gato, conteniendo la respiración.
No debía olvidar algo: seguía teniendo buen instinto, y la suerte la acompañaba. En otras palabras, incluso escondida, cumplía con creces su papel de detector de culpables y de talismán de fortuna.
—¡Nyaak, Miauuu!
Cuando Ries permanecía acurrucada en los brazos de Justin, parpadeando apenas, a veces sentía un cosquilleo en la mente. En esos momentos, se asomaba por la rendija tenue de la túnica.
La vista era estrecha y más de una vez no veía nada, pero cuando acertaba, siempre había algún hombre con la maldición negra pegada a su cuerpo rondando cerca.
Entonces bastaba con golpear suavemente el brazo de Justin para darle la señal.
Él, como si tuviera un sexto sentido, seguía al objetivo en silencio. Y cuando el sospechoso se internaba en un callejón solitario, lo reducía con facilidad.
Tras cumplir con todo y entregar al capturado a la guardia, el rostro del capitán —ya familiar por las repetidas visitas— los recibía.
—¿Otra vez lo han traído…?
Su expresión era más de asombro que de desconcierto, con un matiz de cansancio en la voz. Desde dentro de la túnica, Ries alzaba la cabeza con orgullo.
Incluso en los días de mala suerte, lograban una captura cada dos jornadas, con una tasa de éxito del cien por ciento.
No era extraño que la llamaran “gato prodigioso”, pues parecía bastar con señalar al azar para que el resultado fuera certero.
Comments for chapter "Capítulo 174"
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♥ Gracias ♥
Hola muchas gracias a todos por leer en Newcat ♥