El gato está en huelga - Capítulo 147
Un salón dispuesto para la conversación.
Si el lugar anterior apenas mostraba señales de uso, este, en cambio, estaba impregnado por la presencia de alguien. Se notaba el esmero: era un espacio reservado solo para visitas importantes.
Greus, sentado en el sofá del centro, jugueteaba con su taza de té cuando, al poco, su rostro se iluminó. Por fin aparecía el invitado que tanto había esperado.
—¿Ha llegado? …Hmm.
Pero su expresión se quebró casi de inmediato. La atmósfera que traían los dos que cruzaban la puerta era, cuanto menos, peculiar.
Ries entraba al frente, seguido por Justin. Lo primero que llamó la atención fue el rostro del segundo. A través de la máscara, sus ojos parecían inusualmente decaídos.
Greus no era precisamente hábil para leer el corazón ajeno, pero cuando las emociones se reflejan con tanta claridad en el rostro, no hacía falta serlo.
Y la impresión no cambió ni siquiera cuando se sentaron. Ries tomó asiento con decisión frente a él, mientras que el duque, a su lado, no dejaba de mirar a su alrededor, inquieto.
Sus pupilas rojas, temblorosas, se desviaban una y otra vez hacia los costados, como si buscaran algo… o a alguien.
Sin duda, estaba midiendo el ambiente. Greus sintió de pronto la garganta seca, así que bebió un sorbo de té antes de preguntar con cautela:
—Perdonen que lo pregunte, pero… ¿acaso han tenido algún desacuerdo?
—¿Nosotros? Para nada.
La respuesta fue tajante.
La sonrisa radiante de Ries venía cargada de una energía que no podía ignorarse. Era una señal clara de que no debía insistirse más, así que Greus optó por guardar silencio.
‘Sería una falta de respeto entrometerme más en lo que sea que haya pasado entre ellos.’
Aunque hubieran discutido, seguían pareciendo afectuosos el uno con el otro. Y el duque, por su parte, actuaba de forma extraña, como si le preocupara el estado de ánimo de su acompañante… El problema, pensó, se resolvería pronto.
Probablemente.
ˏˋ꒰♡ ꒱´ˎ
—¿Ha terminado de revisar?
Tal vez su silencio había sido interpretado como una muestra de respeto, porque Greus no volvió a tocar el tema.
Pero lo siguiente que dijo bastó para que Ries se sumiera en sus pensamientos. Los recuerdos de hacía apenas unos minutos regresaron con nitidez.
‘¿Qué? ¿No te da miedo? ¿Esperas que no me quede atado a eso?’
Cerró los puños con fuerza, como un gato que recoge las patas delanteras.
Ries se conocía bien.
Había sido torpe para reconocer sus propias emociones, poco hábil para consolar a otros, y las conversaciones serias no eran lo suyo: ni le salían bien ni le gustaban.
Pero eso no significaba que fuera completamente insensible. Sabía perfectamente lo que Justin había querido decir con aquellas palabras, pronunciadas con tanto cuidado.
—¿Me estás diciendo que ni siquiera quieres que me aferre si te mueres?
Claro que Justin no va a morir. La maldición que más amenazaba su vida se está deshaciendo, lenta pero segura. No lo dejará solo en eso.
Pero en el instante en que escuchó esa respuesta, Ries comprendió qué emoción se dibujaba en el rostro de su amante. Era un alivio tenue.
Un alivio por saber que, incluso si llegara a ser olvidado, la persona que más ama no quedaría herida. Y al darse cuenta de eso, una oleada de calor le subió hasta la coronilla.
Al final, por primera vez en su vida, miró a Justin con el ceño fruncido.
—Repítelo.
—…
—¿Estás diciendo que si te mueres, yo debería seguir como si nada, feliz y despreocupado? ¡Ni siquiera dejaría un testamento así! ¿Cómo puedes decirme algo así a mí?
Se enfadó tanto que Justin no supo dónde meterse. Y aun con esa cara de desconcierto, se mantuvo firme en sus palabras, como siempre. Eso lo irritaba aún más.
—Entiendo por qué soltaste semejante barbaridad.
No quería pensarlo, ni imaginarlo, pero… supongamos que algo realmente le ocurriera a Justin. Entonces Ries no podría seguir con su vida como si nada.
Como en aquella historia que le contó Greus, la diosa podría volver a tocar sus recuerdos.
Podría borrar todo lo vivido con Justin, sin dejar rastro, sin que él notara siquiera la ausencia, reemplazando cada instante compartido con memorias nuevas.
Entonces, sí, podría volver a vivir una vida normal.
Olvidaría los recuerdos con Justin, olvidaría incluso que alguna vez amó a alguien…
—Ni siquiera me dolería.
Tal como ahora, que ha perdido todos los recuerdos de su vida anterior.
Así que, si uno mira solo el resultado, Justin tiene razón: Ries no se desesperaría, no lloraría, no quedaría herido.
Si se eliminan todas las emociones, podría incluso estar de acuerdo con esa idea.
Pero Ries no es un espectador. Es parte de esta historia. Y Justin es la razón por la que decidió, con todas sus fuerzas, seguir viviendo en este mundo. No puede, ni quiere, dejar de sentir.
Por eso le dolía.
Le dolía tener que pensar en estas cosas. Le dolía que Justin hablara de su propia muerte con tanta ligereza. Le dolía que pudiera decir algo tan absurdo con esa calma.
Tan tierno como egoísta, tan egoísta como infinitamente autodestructivo. ¿Cómo puede alguien ser tan contradictorio?
Al final, Ries no logró terminar la conversación. Se levantó. Tenía una cita con Greus, y también algo que quería pedirle.
Desde entonces hasta llegar a este lugar, Justin no hizo más que seguirlo como una sombra. Excepto por el momento en que le entregó cuidadosamente su abrigo, no logró caminar a su lado ni una sola vez.
“¿Así que sí sabe que metió la pata?”
Lanzó una mirada de soslayo hacia su lado.
Aunque se había sentado a una distancia inusualmente prudente, no hacía el menor esfuerzo por ocultar su expresión inquieta.
Sin duda, sabía que lo que había dicho era problemático, y aun así lo soltó. La indignación burbujeaba lentamente… hasta que un pensamiento cruzó su mente.
‘…Aunque si se quedara callado, también me molestaría.’
Al imaginarlo, una oleada de decepción difícil de nombrar comenzó a hervirle por dentro. Al final, sin poder decidir qué era peor, no le quedó más remedio que abrir la boca.
Era momento de dejar las cavilaciones y responder a la pregunta de Greus.
—Sí, ya lo confirmé. La diosa me concedió tres bendiciones.
—¿Tres…? No son pocas. ¿Puedo preguntar cuáles son?
—Olvido, optimismo e inquebrantabilidad.
La voz con la que continuó era sorprendentemente serena. Muy distinta a la reacción que tuvo cuando comprendió por primera vez la naturaleza de esas bendiciones.
Si había algo bueno que rescatar de las tonterías que dijo Justin, era precisamente eso.
El enojo que le hervía por dentro había disuelto, sin que se diera cuenta, el miedo difuso que venía creciendo en su interior.
No sabía si debía considerarlo un alivio o no. Inspiró hondo, despacio, y volvió a mirar al frente. El rostro de Greus, algo desenfocado, se dibujaba ante él.
—Olvido, optimismo e inquebrantabilidad… Lo sospechaba, pero parece que Thalassa le tiene un gran aprecio, señor Elton. No hay muchos registros en el templo de bendiciones tan directas en su concepto.
—…¿Eso es algo bueno?
La respuesta no llegó de inmediato.
Paradójicamente, ese silencio fue suficiente. Era evidente que él también estaba incómodo con la primera bendición.
—¿Acaso ya ha… perdido la memoria alguna vez?
—¿Eh? Bueno… sí, creo que sí. Pero está bien. No tengo muchas ganas de recuperarla, la verdad.
La comisura de sus labios se curvó en una sonrisa amarga. Parecía más afectado por esos recuerdos perdidos que el propio Ries.
Ries lo observó un momento antes de hablar.
—Quisiera pedirle un favor relacionado con eso.
—Por supuesto. Si está dentro de mis posibilidades, haré todo lo que pueda para ayudarle.
—¿Podría prestarme un poco de su poder sagrado?
Titubeó un poco antes de formular la petición.
Los rasgos del rostro frente a él se abrieron apenas, como si hubiera comprendido de inmediato la razón.
—¿Va a elevar una oración a Thalassa?
—Así es.
Era una posibilidad que Ries había considerado desde el momento en que le confesó su secreto a Justin.
Cuando conoció a Greus por primera vez y escuchó de él la historia de una joven y una diosa, comprendió dos cosas.
La voluntad divina es inescrutable, y no debe tomarse a la ligera. Aunque los humanos hayan sido creados a imagen de los dioses, la distancia entre ambos es inmensa, y su forma de pensar, radicalmente distinta.
…Pero si uno cambia un poco de perspectiva, también puede verse que aquella diosa había querido tanto a esa joven que fue capaz de mover su poder solo por ella.
‘Un amor capaz de borrar por completo el rastro de un solo ser humano.’
Desde la posición de un simple mortal —una hormiga ante los ojos de un dios— no podía imaginarse un amor más abrumador ni más cruel.
Pensar que él mismo podría ser objeto de ese amor le nubló la vista y le hizo tragar saliva con dificultad. Aun así, Ries se obligó a enfocarse en otro aspecto.
‘Al fin y al cabo, eso significa que le importaba mucho.’
Por eso había decidido orar. Aunque hacía mucho que la voz de los dioses no se dejaba oír en este mundo, valía la pena aferrarse incluso a una mínima posibilidad.
‘Si de verdad pudiera hablar con ella…’
Imaginó el escenario siguiente, girando los ojos con resignación.
¿Qué otra cosa podía hacer? Tendría que postrarse en el suelo y suplicarle que, por favor, no le borrara los recuerdos.
Aunque no hablen el mismo idioma, hasta las mascotas más adorables pueden hacer que a uno se le encoja el corazón.
Y si ese humano al que tanto aprecia —tanto como para concederle tres bendiciones— se aferra a sus pies y le ruega, tal vez, solo tal vez, se lo piense dos veces.
Comments for chapter "Capítulo 147"
MANGA DISCUSSION
♥ Gracias ♥
Hola muchas gracias a todos por leer en Newcat ♥