El gato está en huelga - Capítulo 135
No sabía desde cuándo estaba despierto. ¿Hace un momento? ¿O desde que empezó a cantar? ¿O tal vez justo después de que derramo aquellas lágrimas?
Fue en ese instante, cuando no sabía qué hacer y me quedé mirando fijamente el rostro de Justin, que él por fin se movió.
—¿…?
Tuve la clara sensación de que su rostro se acercaba más.
Nuestros labios se encontraron. Mi mente, torpe y aturdida, se permitió una impresión fugaz: suave, cálido, blando.
—Está bien que me mires así, pero tú también deberías dormir ya.
Aún sin comprender del todo la situación, parpadeé sin decir palabra. Entonces, él desvió la mirada y murmuró en voz baja. Sus ojos, que se apartaban con disimulo, parecían llenos de vergüenza.
Y luego, simplemente volvió a cerrar los ojos. Atrapado sin saber cómo reaccionar, me encontré acostado a su lado, con cuidado. Pasaron horas con los ojos bien abiertos antes de que, por fin, lograra dormirme…
—…¡!
Y al despertar, tenía forma humana. Me había dormido sin siquiera pensar en cambiar de cuerpo, tan abrumada estaba.
Tal vez incluso nos habíamos acercado más mientras dormíamos, porque aún sentía con claridad cómo nuestras piernas se entrelazaban sin orden. Y la inquietud que sentí al ver a Justin, que no podía levantarse porque yo lo tenía tan abrazado…
Pensar que, hace apenas unos días, me avergonzaba de compartir cama con él en forma humana. Qué ridículo me parecía ahora.
No tenía sentido tratar de recordar más. Como un gato asustado, salté en el lugar, cambié de forma a toda prisa y luego…
Aquí estoy.
—……
Ries se llevó los dedos a los labios en silencio. Fue algo que ocurrió en plena noche, en un instante fugaz, y sin embargo, la sensación seguía tan vívida.
Era natural, después de todo.
‘Fue la primera vez.’
¿Cómo no iba a quedar grabado?
Ya no había excusas como antes: que si me daba vergüenza, que si era incómodo, que si me sentía ridículo. No evitaba a Justin. Me había acostumbrado… y, más que nada, ahora éramos dos personas que podían hacer algo así con naturalidad.
‘…Aunque, para ser eso, no hicimos gran cosa.’
En realidad, no hubo tiempo para “esas cosas”. Por un momento, el rostro de aquella mujer que siempre sonreía con dulzura cruzó fugazmente por mi mente.
Frotando, frotando. Mientras seguía tocándose los labios, Ries pensó sin querer:
‘Quisiera hacerlo otra vez.’
Y se sobresaltó.
¡¿Qué estaba pensando?! ¡Y más aún, cuando Melissa seguía allí, justo frente a él! ¡Había vuelto a perderse en sus pensamientos en plena conversación!
Ries carraspeó con torpeza y se apresuró a hablar.
—Por cierto, escuché que se había lastimado. ¿Se encuentra mejor?
—¿Ah, eso? Sí, ya estoy completamente recuperada.
Por suerte, no parecía haberse molestado. Sonrió ampliamente y levantó el brazo con energía. Sin embargo… después de haber observado a Diana durante tanto tiempo, Ries notó que aquella sonrisa tenía algo de forzado.
—Aun así… se la ve un poco decaída.
—¡…!
Melissa se estremeció como si le hubieran dado justo en el blanco. Al mismo tiempo, Ries también se sobresaltó.
‘¿Habré sido demasiado entrometido?’
Sus ojos redondos rodaron una vez, y luego se detuvieron para observarla con cautela. Después de todo, habían pasado bastante tiempo juntos como caballero y protegido, y a veces olvidaba la distancia que debía mantener.
Desde que Melissa regresó, habían tenido algunas conversaciones a solas, pero solo cuando Justin se ausentaba por reuniones.
Siendo estrictos, “Rienstein Elton” y “Melissa Yucalt” no eran lo bastante cercanos como para hurgar en las zonas sensibles del otro sin reservas.
Así que estaba preparado para una respuesta cortante… pero en cambio:
—¿Se me nota tanto…? Es cierto. Últimamente me siento algo revuelta.
Para su sorpresa, Melissa asintió sin resistencia. Una sonrisa amarga, más tenue que antes, se dibujó en sus labios.
—Hace poco, la enfermedad del patriarca empeoró y el tema de la sucesión ha agitado a toda la familia. Claro que yo no tengo ningún interés en ese puesto. No solo porque no estoy a la altura… sino porque, sinceramente, me gusta vivir así, empuñando la espada.
—…
—Pero parece que mi hermano no lo ve igual. Me bombardea con cartas como si fueran explosivos, me manda gente para vigilarme, y hace poco incluso intentó emparejarme con un gordo barrigón que apareció diciendo que era un buen partido.
Sus palabras se volvían cada vez más mordaces. Su respiración, agitada por la rabia, se hacía más notoria.
—Y el problema no es ahora. El verdadero desastre será cuando ese tipo —ni siquiera quiero llamarlo hermano— se convierta en el nuevo patriarca.
—¿D-de verdad?
—¡Sí! Apuestas, alcohol, mujeres… No sé si alguna vez ha abierto un libro. ¡Jamás lo he visto estudiar! Ese desgraciado va a arruinar la familia, estoy segura.
—Un… desgraciado, hmm…
—Y para colmo, los ancianos del clan, que antes ni lo miraban, de pronto han decidido apoyarlo. ¿Se pusieron todos de acuerdo para destruir la familia? ¿Qué les pasa? ¿Se volvieron locos al mismo tiempo?
Bastaba con ver su expresión y oír su tono para saber cuán profunda era su indignación.
Aunque, quizás, también había algo más allá de la ira, un rastro de afecto por el único lazo de sangre que le quedaba, o una preocupación genuina por el futuro de su casa. Detrás de su mirada afilada, se adivinaba una sombra de inquietud.
Fue entonces cuando, de pronto, se llevó la mano a la boca, sobresaltada. Tal vez ni ella misma había querido dejar salir una opinión tan cruda, como si se le hubiera escapado de las manos.
—¡L-lo siento! ¿Pero qué me pasa? ¿Será que últimamente he estado demasiado distraída? Mi boca… simplemente habla sola… Ugh. Debió de ser incómodo de escuchar, ¿verdad?
—No, está bien. No fue incómodo en absoluto.
Al contrario, había terminado escuchando con más atención una historia que le despertaba verdadera curiosidad.
‘Vaya pieza, ese tipo.’
Uno de esos que hace exactamente todo lo que le dicen que no haga. Ries coincidía por completo con la evaluación de Melissa. Si ese sujeto llegaba a convertirse en cabeza del clan, lo arruinaría sin remedio.
Pensando en eso, empezó a intuir cuál era la verdadera preocupación de Melissa.
‘Debe de estar preguntándose si de verdad puede quedarse de brazos cruzados.’
Si no hace nada, el futuro del clan se vuelve incierto. Pero si decide entrar ahora en la contienda por la sucesión, tendría que renunciar al sueño que tanto le costó alcanzar. Ninguna opción parece realmente satisfactoria.
Y al mismo tiempo, podía entender la decisión de Justin. Al tratarse de un asunto familiar, la elección debía ser de Melissa. Si intentaba ayudarla y algo salía mal, ambos podrían acabar en una situación incómoda.
Aun así, no podía evitar sentirse intranquilo. Y más al ver a Melissa, que ya había logrado recomponer su expresión y sonreía con aparente ligereza.
Con una voz especialmente traviesa, ella añadió:
—Es curioso, ¿no cree? No hemos hablado tanto cara a cara, y sin embargo, cuando estoy con usted me siento tranquila.
—Ah… eso…
—Es como reencontrarse con un amigo cercano, de esos que se alejaron por circunstancias inevitables.
—¿C-cómo podría ser? Si apenas nos conocimos hace poco.
—¡Obviamente es una metáfora, una metáfora~! ¿Por qué se asusta tanto si era una broma?
…Y lo que vino después fue una maniobra de distracción tan eficaz que logró cambiar por completo el ambiente. Ries empezó a sudar frío por la espalda.
Parecía ingenua, pero era rápida para captar las cosas, con una intuición aguda. Ahora que lo pensaba, tenía una red de contactos bastante amplia y siempre estaba al tanto de los rumores en la oficina. No era una habilidad que se hubiera ganado en vano.
Ries se esforzó por recomponer su expresión. El problema era que, a los ojos de ella, seguía viéndose forzado.
—¡Vaya! ¿Por qué suda tanto? ¿No se siente bien?
Apenas oyó de nuevo su voz clara y melodiosa, no pudo evitar cerrar los ojos con fuerza.
‘Justin, ¿dónde estás? Te necesito…’
Rezaba para que su reunión terminara pronto.
ˏˋ꒰♡ ꒱´ˎ
Por suerte, lo que Ries temía no llegó a ocurrir.
—¡Ju…! Digo, ¡duque! ¡Por fin ha regresado!
Justin había vuelto antes de lo esperado, para su alivio.
—Por cierto, ¿no ha visto al gatito del duque? Se llama Ries, es adorable, encantador, ¡una monada total! Pero últimamente siento que no aparece tanto… ¡Oh no! ¿Será que ya se cansó de mí?
Gracias a Melissa, que se había sumido por completo en su efusiva adoración por los gatos, la conversación anterior quedó completamente olvidada.
Fue como si, en lugar de un momento de crisis, hubiera llegado un interludio inesperado. Aunque, claro, después de eso, Ries tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para evitar que el rubor le subiera al rostro.
‘Escuchar una retahíla de halagos gatunos justo en la cara es… demasiado.’
Cuando estaba en forma de gato, al menos el pelaje ayudaba a disimular. Pero en forma humana, si se sonrojaba, sus mejillas se teñían de rojo sin remedio. Un defecto fatal, sin duda.
Melissa se despidió con una reverencia impecable y salió de la habitación. Cuando volvieron a quedarse a solas, Justin lo miró con preocupación.
—¿Pasó algo? Tu expresión…
—…Pasaron muchas cosas.
Podría haberle dicho sin rodeos que se sentía agotado, que en ese breve lapso se había desgastado como en semanas. Pero, como siempre, se guardó las palabras más duras. Un gesto de consideración que casi le sacaba lágrimas.
—¿Puedo ir contigo a la próxima reunión?
—…Mmm.
En lugar de contarle todo lo que había hablado con Melissa, Ries simplemente le tomó la mano y preguntó. Sus ojos brillaban con una súplica silenciosa.
Pero la respuesta no llegó tan rápido como esperaba. Muy distinto a aquel Justin que antes no quería separarse ni un segundo. Así que Ries frunció el ceño de forma deliberada, como si quisiera que se notara.
—¿No quieres que vaya contigo?
—No, claro que no. Quiero que estés siempre a mi lado.
—¿D-de verdad? Qué alivio…
Una negación tan rápida que casi resultaba abrumadora. Y ese tono suyo, tan directo y sincero, pero que lograba hacerle cosquillas al alma… ¿cómo lo lograba?
Aun así, Ries tuvo que recomponerse de inmediato. Si seguía con el juego, Justin acabaría disculpándose sin saber por qué, y no quería eso.
Y entonces, al volver en sí, se dio cuenta de que le estaba tomando la mano.
—¿?
¿Cuándo… la tomé? Estaba seguro de que ni una serpiente deslizándose por un muro habría sido tan sigilosa. ¿Será que los genios del combate, reconocidos incluso por el príncipe heredero, tienen otro tipo de habilidades?
Comments for chapter "Capítulo 135"
MANGA DISCUSSION
♥ Gracias ♥
Hola muchas gracias a todos por leer en Newcat ♥