El gato está en huelga - Capítulo 133
En lugar de maullar preguntando por el estado de Justín, Ries se acercó a él caminando con torpeza sobre la cama. Solo cuando estuvo lo bastante cerca como para rozarle la nariz si se desplomaba, apoyó la cabeza con suavidad sobre su rodilla.
Le vino a la mente, difusa, la última frase que Hillein había dejado atrás. En su momento, con la mente nublada, apenas la escuchó; pero ahora, al recordarla, comprendía que era algo que ella diría.
—Cuida bien de mi hijo.
Frunció el hocico sin razón aparente. Muy propio de Hillein, pensó.
En lugar de seguir hurgando en la memoria, alzó la mirada de reojo. Un rostro cargado de pensamientos, unos ojos donde se entrelazaban emociones diversas. Una expresión muy distinta a la habitual.
Y era natural. Aunque había elegido un modo de despedirse que no dejara un regusto amargo, ¿cuándo han obedecido las emociones humanas a la voluntad?
Justín, en vez de dejar que se desbordaran los fragmentos de lo que sentía, extendió la mano y acarició a Ries, que se apoyaba en él. Murmuró:
—Estoy bien.
—¿Mrrr?
—Solo será un momento.
No era tanto una promesa dirigida a Ries como un susurro para sí mismo. La mano que le rozó la oreja perdió fuerza de forma evidente.
—…Solo un momento.
Al ver sus ojos temblar, Ries sintió una opresión extraña en el pecho. Detuvo las patitas que presionaban entre la rodilla y el muslo de Justín.
Volvió a alzar la vista. Al mismo tiempo, su campo de visión se elevó, más y más, hasta que, sin darse cuenta, sus ojos quedaron a la misma altura que los de él.
Extendió una mano, ahora alargada, y sujetó a Justín. Pronto, sus dedos blancos se entrelazaron como enredaderas. En lugar de sostenerle la mirada, Ries volvió a apoyar la cabeza en él, como solía hacer cuando era un gato.
Su cabello rubio, alborotado, se frotó contra el hombro de Justín. Ries susurró:
—Sí. Esperemos juntos.
No fue una palabra de consuelo, ni una promesa vaga de que todo estaría bien.
Fue, simplemente, una promesa. Que, sin importar cuánto se alargara ese “momento”, él estaría allí, a su lado, esperando con gusto.
—…Está bien.
Justín apretó con fuerza la mano de su compañero. Aún dolía un poco, pero por primera vez sintió que, algún día, todo estaría bien.
ˏˋ꒰♡ ꒱´ˎ
“¿No crees que está un poco mejor?”
Ries, que fingía no observar a Justín, suspiró aliviado por dentro.
Una mañana cualquiera, en la que, al no encontrar palabras de consuelo, le había prometido: “Esperaré contigo hasta que estés bien”.
Por lo que escuché, ese día, los sirvientes, extrañados por la ausencia total del duque, intentaron ir a buscarlo, pero fue Sepite quien los detuvo… Aunque no sé bien los detalles.
En cualquier caso, desde entonces, Justin fue mejorando, muy poco a poco.
A veces, en medio del trabajo, se quedaba mirando fijamente por la ventana, sin expresión. O de repente se dirigía al jardín para revisar los plantones de flores que había sembrado. O se perdía durante horas contemplando un retrato guardado en una sala privada, sin darse cuenta del paso del tiempo.
Bastaba con observarlo un poco para que a cualquiera se le escapara la pregunta: “¿Le ha pasado algo, excelencia?”. Por suerte, con el tiempo, esos episodios se hicieron menos frecuentes.
Ries estuvo con Justin en cada uno de esos momentos. A veces en forma humana, a veces como gato, siguiéndolo sin descanso, sin aburrirse nunca.
Por eso, era inevitable que fuera él quien notara primero cualquier cambio en Justin.
Por ejemplo, había ocasiones en que, tras largos silencios sumido en sus pensamientos, Justin sacaba a colación un tema completamente ajeno. Hoy fue uno de esos días.
—Ahora que lo pienso, nunca te lo mencioné —dijo de pronto.
—¿Eh? ¿Qué cosa?
—La caballera que fue tu escolta.
Lo primero que Ries sintió fue alivio. Alivio al ver que Justin había recuperado la calma suficiente como para hablar de otro tema, incluso con las huellas de Hillein aún tan presentes.
Luego vino la duda.
Sabía de inmediato a quién se refería. Melissa Yucalt. La caballera que se convirtió en su escolta después de establecerse en el castillo.
Una de las pocas personas a las que había llegado a tener verdadero afecto. Imposible olvidar su nombre. Pero que Justin tuviera algo que contarle sobre ella… Ah. Ries suspiró de pronto, al recordar.
Sí, habían tenido una conversación así.
—La vi de pasada, y me pareció que Melissa tenía mala cara —había dicho él.
—La caballera que fue tu escolta, ¿verdad?
Fue el día en que, por fin, pudo adoptar forma humana y recorrer libremente el interior del castillo.
Lo celebraron paseando juntos por los pasillos, y al pasar cerca del patio de entrenamiento, Ries se distrajo al ver el rostro inusualmente sombrío de Melissa.
Fue antes incluso de conocer a Hillein, y sin embargo, se sentía como un recuerdo de hace muchísimo tiempo.
—¿Qué pasa con Melissa?
—Parece que ha tenido frecuentes roces con su hermano mayor por el tema de la sucesión familiar.
—…¿Eh?
Ries abrió los ojos de par en par. Fue como si le hubieran golpeado la cabeza con un mazo.
Entonces…
“¿…Se preocupó por mí y lo investigó por su cuenta?”
Antes de comprender del todo lo que eso implicaba, ya sentía un cosquilleo en el pecho. Cerró los ojos con fuerza, respiró hondo varias veces, y solo entonces logró responder con una voz que fingía calma:
—U-un asunto familiar, ya veo.
Era inevitable que al principio se le trabara un poco la lengua.
Tarde, su mente empezó a funcionar. No sabía los detalles, pero al menos tenía claro que los asuntos de sucesión entre nobles eran endiabladamente complejos. Y que era difícil, por no decir imposible, que un tercero se entrometiera sin consecuencias.
Así que lo mejor que podía hacer era esperar a que todo se resolviera por sí solo.
Justo cuando pensaba que, si se cruzaba con Melissa, tal vez podría acercarse en forma de gato y, para animarla un poco, restregarse contra ella con un poco de ternura fingida…
—Ahora que lo pienso, hubo algo que me llamó la atención.
—¿Algo que te llamó la atención?
—Sí.
Justin entrecerró los ojos. Esa expresión que solía poner cuando algo le molestaba.
—Malef Yucalt… Últimamente se ha visto con frecuencia con el marqués de Merillin.
—Ugh.
El rostro de Ries se torció al instante, reflejando el mismo disgusto. Si ya tenía una mala impresión, con solo oír ese nombre, se desplomó hasta el fondo.
Chesif Merillin.
Otro nombre que hacía mucho no escuchaba. Desde aquel contacto con el príncipe heredero, no se había vuelto a mencionar, así que no era solo una impresión suya.
Que el hermano mayor de Melissa se relacionara con él con tanta frecuencia solo podía significar una cosa: que compartían el mismo carácter. De pronto, sintió lástima por ella.
Fue entonces cuando una curiosidad inesperada asomó la cabeza.
“Chesif Merillin.”
El primer hombre que vio al abrir los ojos en este mundo. Murmuró su nombre para sus adentros. Y con él, comenzaron a brotar recuerdos que no tenía ningún deseo de revivir.
En aquel entonces, Ries no era más que un gato común, salvo por su capacidad de razonar como un humano. Pero ahora…
“Sí que he cambiado.”
Había despertado su conciencia como miembro de la raza felina, podía transformarse en humano, y aunque solo con Justin, era capaz de distinguir a quienes le guardaban malas intenciones. Incluso podía ver y comunicarse con almas errantes.
Ries giró los ojos con tanta obviedad que casi se oyó un “clac”, y echó un vistazo al perfil de Justin. Como siempre, su rostro estaba cubierto por esa máscara negra.
“Hace mucho que no le hago una limpieza…”
Le vino a la mente el marqués de Merillin, que no perdía ocasión para hablar mal de Justin. Diana también había sido de gran ayuda en su momento. Ese hombre, sin duda, sería aún peor.
Sin darse cuenta, Ries se relamió los labios.
ˏˋ꒰♡ ꒱´ˎ
Hace unos días.
—¡Ja, ja, ja!
Recién llegada, Diana fue recibida por Chesif con una carcajada que no pudo contener. Le resultaba imposible aguantarse.
—Qué gracioso. Realmente gracioso. No puedo creer que ni siquiera hayas podido engatusar a ese viejo.
—¿Ch-Chesif?
—No… Esto no está bien. Diana, no deberías hacerme esto.
Murmuraba palabras cuyo sentido era imposible descifrar.
Y entonces, la risa que había estado impregnando su voz se extinguió de golpe, como si nunca hubiera existido. Una extraña y escalofriante sensación, imposible de ignorar para cualquier ser humano, recorrió la espalda como un escalofrío. Fue justo en ese instante que Diana dio un paso atrás, casi sin darse cuenta. Una mirada brillante y cortante se posó sobre ella. Como si se le durmieran los pies, se apresuró a hablar, nerviosa.
—E-Era algo fuera de mi alcance. ¡El sumo sacerdote ya lo sabía todo! Dijo que la maldición del duque no podía curarse, que no tenía permiso, soltó un montón de cosas sin sentido, me amenazó con el puesto de santa, me menospreció… ¡La que fue humillada fui yo!
Sus ojos se llenaron de lágrimas. No había venido a ser interrogada, sino a buscar consuelo. Pero el rostro de Chesif, frente a ella, seguía siendo gélido, implacable.
Los labios de Diana comenzaron a temblar.
—¿Por qué… pones esa cara?
Dime que lo sientes. Di que quizá fui demasiado sensible. Pregúntame si estoy bien, si me dolió. Pero esa esperanza fue traicionada.
Chesif soltó una risa sarcástica.
—¿Te preguntas por qué no te seco las lágrimas ni te consiento? Bien, sigues siendo igual de estúpida. Te lo diré.
—¿Chesif…?
—Porque ya no vales lo suficiente.
Que no consiguiera lo que quería, bueno, eso podía pasar. Pero al menos debería haberse cuidado de no caer en desgracia. ¡No debería haber provocado sospechas innecesarias!
Y sin embargo, esta estúpida mujer había hecho exactamente todo lo que no debía, y ahora venía a suplicar que la consolaran. Y lo peor fue la noticia que trajo consigo.
“El príncipe heredero ha venido.”
La paciencia de Chesif, ya desgastada hasta el límite por lo que había oído de los súbditos, finalmente se agotó.
Diana pareció rumiar las palabras de Chesif por un momento. Su rostro palideció, y luego, tambaleándose, reaccionó con un estremecimiento.
—N-Nosotros… somos amantes, ¿no? Dijiste que me amabas, que me harías feliz, que no dejarías que nada me lastimara… ¿No dijiste eso? Entonces, ¿por qué hablas así? ¿Por qué me miras… con esos ojos?
—¿Amantes? Ja. Claro, lo habríamos sido… si hubieras seguido siendo una pieza útil.
El cuerpo de la mujer, ahora incapaz de respirar con normalidad, se quedó rígido. A simple vista, era una imagen que despertaba compasión. Pero a Chesif no le importó en lo más mínimo y acortó la distancia entre ellos.
—La mujer que recibe el amor de un noble altivo, la prometida del capitán de la guardia real, la protagonista de un cuento de hadas que solo los niños leerían… Parecía que lo estabas disfrutando bastante.
—Ah…
—Aun así, no deberías olvidar tu lugar. ¿Pensabas ponerte esa corona sin pagar ningún precio?
Y sin embargo, quedaba una sola oportunidad. Los ojos de Chesif se inyectaron de sangre.
—Si de verdad quieres seguir siendo mi amante, justo se me ocurre un método adecuado.
Con la yema de los dedos, le levantó suavemente el mentón. Observando sus pupilas temblorosas, perdidas, susurró con una voz cargada de burla:
—Infórmame de cada movimiento del sumo sacerdote. No importa qué sea. Y si encuentras alguna debilidad de ese viejo, mejor aún.
Comments for chapter "Capítulo 133"
MANGA DISCUSSION
♥ Gracias ♥
Hola muchas gracias a todos por leer en Newcat ♥