El gato está en huelga - Capítulo 131
La corazonada fue acertada.
—Quiero plantar flores contigo.
Esa fue la respuesta de Hillein, tras quedarse un buen rato pensando en qué le gustaría hacer juntas. Tal vez se sintió cohibida por la mirada fija, porque enseguida empezó a balbucear explicaciones.
—Además, hace calorcito, el clima ha mejorado mucho… Dijiste que renovaron el jardín, ¿no? Así que pensé que podríamos aprovechar y plantar unas cuantas en un rincón…
Entonces, echó una mirada furtiva a Justin y, al final, confesó la verdad.
—…En realidad, siempre quise hacerlo con el niño cuando creciera. Dicen que es bueno que los pequeños toquen cosas, que sientan texturas… y bueno, también es un poco por mí.
Una especie de juego sensorial que no pudo hacer a su debido tiempo.
Esa es, en resumen, la razón por la que ahora hay dos personas, un fantasma y una muñeca instalados en armonía en un rincón del jardín.
Cavar un poco la tierra, plantar los esquejes, cubrirlos de nuevo con tierra y regarlos bien: así se completa el proceso. Al incorporarse, se oyó una voz refunfuñando al lado.
—Tú todavía, pero… ¿yo qué hago aquí?
—¿Por qué? ¿No te está gustando?
—¿Gustar? ¿Qué podría hacer yo con este cuerpo relleno de algodón? Y encima…
Sepite soltó un suspiro resignado antes de continuar.
—Tenía que ser justo tierra. Como me relaje un poco, seguro que acabo todo sucio. Ya de por sí me preocupa que últimamente las puntas de mis aletas parecen manchadas… ¿Tú sabes lo que es la tristeza de una muñeca que la lavan?
—…
Ries giró los ojos con cuidado hacia las aletas. Al parecer no era solo una impresión: las puntas estaban visiblemente más oscuras que antes.
‘Pero llamarlo tristeza…’
Por un momento pensó en Ketir. Ese “lavado que no es lavado” había sido su tarea desde hacía tiempo. Como casi nadie sabía lo que había dentro de Sepite, no quedaba otra opción.
Desde entonces, había podido observar cómo quedaban ambos después de cada lavado… y sus rostros no podían ser más opuestos. El problema era que el que parecía agotado siempre era Ketir.
‘Aunque él lo disfruta, creo.’
Lo había visto fingir indiferencia mientras claramente se sentía renovado.
La mirada, ahora más fina, volvió al frente. Tal vez por sus rasgos redondeados, su descaro parecía aún más exagerado.
Claro que no se lo hizo notar. En su lugar, susurró con suavidad otra cosa.
—Aun así… se ve bonito, ¿no?
—…
Hasta hace un segundo, Sepite hablaba sin parar. Ahora cerraba la boca con fuerza. Ries sacudió al aire una mano manchada de tierra y giró la cabeza.
—¡Justin! Hay que sacar los esquejes con cuidado. Si se dañan las raíces, no crecerán bien.
—…Ah. Lo intentaré de nuevo.
—Cavaste demasiado poco. Si lo plantas así, las raíces quedarán completamente expuestas. Anda, fíjate bien en cómo lo hago.
Se ve a una madre y su hijo charlando en voz baja, compartiendo un momento solo suyo.
Justin, con la máscara manchada de tierra, cava con empeño. A su lado, Hillein le da consejos entre murmullos mientras le muestra cómo hacerlo.
En sus rostros no había rastro de la tristeza que traería la despedida inminente. Al verlos disfrutar del presente con todas sus fuerzas, por fin parecían una familia común y corriente.
Quizá por eso mismo Sepite, aunque refunfuñando, los había acompañado hasta allí sin oponer resistencia. Al final, suspiró y asintió con la cabeza.
—…Ya veo. Tienes razón.
Nadie sabe cuándo florecerá ese plantón. Para entonces, es probable que Hillein ya no pueda estar al lado de Justin.
Pero si llega a verlo, podrá recordar este día en que plantaron juntos la flor, las conversaciones suaves que compartieron, la sonrisa que ella llevaba en los labios.
Y con eso bastaría.
Por supuesto, la lista de deseos de Hillein no terminaba ahí.
Segundo punto: hornear galletas.
—Si no te gustan… no tienes que comerlas…
En realidad, lo que quería era que Justin probara algo hecho por ella misma. Y no había forma de que él pudiera rechazar esa petición.
Como Justin sería el encargado de evaluar el resultado, quedó descartado como acompañante. Sepite, por su parte, se había retirado momentáneamente, disfrazando un baño como si fuera una colada.
Así que, al final, la tarea de hacer galletas en la cocina que habían alquilado entera recayó solo en ellos dos. Ries, viendo a Justin con una expresión curiosamente decepcionada, le hizo un gesto con la mano para tranquilizarlo.
Sin saber qué clase de futuro se desplegaría ante el.
—Qué raro… ¿por qué no se junta?
—¿No será que le pusiste demasiada agua?
Una masa de galletas empapada.
—Después va el azúcar…
—Un momento. Eso es sal…
—¡Ay, no!
—¡Aaaah!
Galletas más saladas que el agua del mar.
—…¿No hueles algo quemado?
—¡Kyaaa! ¡Fuego, fuego!
Y las galletas, negras como carbón.
…Y así, entre muchos otros tropiezos, solo diré que le tocó a ella arreglar todo el desastre.
—…Está delicioso.
—A ver, déjame probar a mí también. Ñam, chomp chomp… Oh, está bastante bien.
Por suerte, el resultado fue bueno.
—Pero, ¿por qué esa cara?
—Jajaja.
Y es que era lógico que supiera bien. Para lograr esa única galleta decente, habían tenido que fallar decenas de veces… Pero Ries no se atrevió a decirlo. Solo se limitó a sonreír con torpeza.
Menos mal que Hillein no había desarrollado un gusto especial por la cocina.
Tercer punto: un retrato.
—¿Será muy difícil?
Pero lo que ella pedía no era un simple retrato.
Quería un retrato en el que aparecieran ella y Justin, uno al lado del otro. Al oírlo, Ries miró de reojo a Justin, con cierta inquietud.
Ya era bastante con incluir a alguien que había fallecido… pero además, a Hillein no le quedaba mucho tiempo. ¿Podría completarse el retrato antes de que fuera demasiado tarde?
—Creo que sí. Es posible.
Sin embargo, Justin asintió como si no fuera gran cosa. Sepite tampoco expresó objeción alguna. El único que parecía desconcertado era Ries.
—Todavía no entiendes nada. Solo espera y verás.
Y con eso, quedó sellada la promesa de que no habría ningún problema.
Unos días después, Ries comprendió una gran verdad.
—¡Guau, está terminado…!
—……
No hay nada que no pueda resolverse con dinero. ¿Te rechazan incluso después de ofrecerles una suma? Entonces ofrece más.
El pintor, seducido por una cantidad que hacía temblar la lengua al pronunciarla, aceptó el encargo. Aunque apenas tuvo tiempo para observar a los modelos, logró terminar el retrato en apenas tres días. Un resultado, literalmente, de infarto.
—Guau…
La última expresión del pintor, visiblemente más demacrado que cuando lo conocieron, le preocupó un poco, pero solo por un instante. Ries contempló el retrato con admiración.
Al parecer, era cierto que habían encontrado a un artista de gran talento.
Hillein, en el cuadro, parecía viva. Su expresión era natural, llena de vida, como si en cualquier momento fuera a hablar. Y el rostro enmascarado de Justin, junto a ella, tenía la misma serenidad que mostraba cuando estaban juntos.
—Sí… justo esto era lo que quería… ¡es perfecto!
Al ver el retrato, Hillein sonrió con un rostro aún más radiante que el que el pintor había plasmado. Parecía que en cualquier momento iba a abrazar el cuadro y girar sobre sí misma de pura alegría.
Y Justin…
—……
—Justin, ¿qué te parece?
Con el rostro absorto, como si tuviera mil pensamientos en la cabeza, contemplaba el retrato.
Más que apreciarlo, parecía estar observándolo. Extendió la mano, y justo antes de tocar la pintura, dibujó una caricia en el aire sobre ella.
—Me gusta. …Muchísimo.
—¿Verdad que sí?
Incluso para el propio artista, el retrato rozaba lo fantasioso. Y sin embargo, no había nada más verdadero que eso.
Porque Hillein siempre había estado al lado de Justin.
Después de eso, la vida siguió con una rutina parecida.
Leerle un libro antes de dormir, tomar el té juntos una vez al día para contarse lo que había pasado, cuidar las flores del jardín, llenar el armario con ropa que ella elegía para él…
Cosas pequeñas, si se quiere. Momentos que no habrían sido especiales si siempre hubieran estado juntos, pero que ahora, tardíamente, se convertían en recuerdos que llenaban su tiempo compartido.
Todo lo que empieza, termina.
Y cuando por fin llegó la última noche, Hillein sonrió con naturalidad y dijo:
—No hace falta que me digas adiós. En lugar de eso… ¿puedo cantarte una canción de cuna mientras duermes?
—…¿Una canción de cuna?
—Sí, una canción de cuna.
Sus ojos se curvaron con picardía. Para algunos, podía parecer una petición cotidiana, casi trivial. Pero no lo era.
Con manos reales, se acercó con cuidado y acarició la máscara que cubría el rostro de Justin. Él solo parpadeó, sin apartar la mirada ni girar el rostro.
Era un permiso tácito. Hillein tragó saliva y retiró la máscara de Justin.
Apareció un rostro manchado de venas oscuras. Sus dedos, blancos como la nieve, recorrieron con suavidad la superficie palpitante y retorcida.
Como si no le pareciera repulsivo. Como si no doliera. Como si estuviera tocando lo más precioso del mundo, con infinita delicadeza.
—Solo me voy un tiempo. No es una despedida para siempre. ¿Qué diferencia hay allá arriba? He estado a tu lado más de veinte años… esperar un poco más no es nada.
—……
—Así que… deseo que esta noche no sea especial. Que nos despidamos como si fuéramos a vernos mañana, a pasear, a tomar el té juntos. Buenas noches, hasta mañana… así.
Justin pareció quedarse sin palabras. Sus ojos vagaban, incapaces de fijarse en un punto. Respiró hondo, miró de reojo a Ries, que estaba a su lado… y por fin, habló.
—…Sí, madre.
—Ah…
Ante esas palabras, los ojos de Hillein se abrieron de par en par. Una sola palabra, que había prometido no desear, parecía haberle dejado una resonancia profunda, imposible de olvidar.
Contuvo como pudo el temblor de sus labios, apretó los ojos con fuerza, y, con las aletas de la nariz ligeramente fruncidas por la emoción, volvió a dibujar una sonrisa en su rostro.
—…Gracias, hijo mío.
La expresión que se formó en su cara fue un poco torpe, como si los músculos no supieran bien cómo acomodarse. Pero precisamente por eso, Ries, que lo había presenciado todo desde cerca, lo supo con certeza.
Esa sonrisa quedaría grabada en la memoria de Justin por mucho, mucho tiempo.
Comments for chapter "Capítulo 131"
MANGA DISCUSSION
♥ Gracias ♥
Hola muchas gracias a todos por leer en Newcat ♥