¡Dame un bebé lince si no quieres verme volverme loco! Novela - Capítulo 12
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- Capítulo 12 - Historia paralela 1
—¡Guau, ¿cuándo crecieron tanto?!
Mientras les cambiaba la ropa a Taemin y Yujun, Yumin se quedó boquiabierto. Pasaban el día con la cola y las orejas al aire, sin poder controlar ni su propio cuerpo, y aun así, los gemelos crecían a pasos agigantados.
—Taejun, mira esto. La ropa de bebé que compramos hace un mes ya no les queda.
—Es porque se parecen a mí. Cuando cumplí un año, pesaba más de quince kilos.
—¿De verdad?
Los bebés humanos apenas llegan a los diez kilos al cumplir un año. En comparación, aunque Taemin y Yujun no alcanzaban los quince, definitivamente eran corpulentos. Taemin, que era un tigre, se notaba más grande a simple vista, mientras que Yujun, un lince, era algo más pequeño. Aun así, si se los comparaba con lo diminuto que había sido Yumin a esa edad, la diferencia era abismal.
—Entonces, Yumin, ¿cuánto pesabas tú en ese entonces?
—…Sin comentarios.
—¿Y de estatura? No me digas que eras bajito.
—¡Shh!
Aunque ya era adulto, Yumin seguía midiendo apenas treinta y tantos centímetros en su forma de lince, y tenía un complejo con su estatura. ¿De qué servía tener alma de fiera si su físico no acompañaba? Entre los felinos, era fácil que lo pasaran por alto.
Pero los gemelos, aun siendo pequeños, ya mostraban una presencia imponente. Desde la estructura ósea se notaba que estaban destinados a ser altos. Yumin sonrió con orgullo al ver sus brazos y piernas alargados.
“He logrado mejorar la genética de los linces.”
El nacimiento de un lince alto, algo que no volvería a repetirse, lo llenaba de emoción a cada rato. Abrazó a Yujun de golpe y le plantó un par de besos en la mejilla.
—¡Taemin también es precioso!
El pequeño tigre, idéntico a Taejun, por quien Yumin daría la vida, era igual de adorable. Solo con mirarlo, con esos rasgos marcados y esa mirada brillante, se sentía lleno. Con el otro brazo, atrajo también a Taemin. Los dos bebés comenzaron a ronronear al mismo tiempo.
—Ah… soy tan feliz.
—¿Te gusta tanto?
—Por supuesto. ¿Y a ti no, Taejun? ¡Si tenemos dos bebés tan hermosos!
—Claro que me gusta. Me encanta, pero…
—¿Por qué lo dices así, con dudas?
—¿Yo? ¿Dudar?
Yumin entrecerró los ojos y recorrió a Taejun de arriba abajo. Que se trabara al hablar, tan poco propio de él, era muy sospechoso.
—¿No recuerdas que dijiste que tu querías un tercero? Dijiste que si lo teníamos, tú te encargarías de criarlo.
—Claro que me acuerdo. ¿Cómo iba a olvidarlo?
—Entonces, ¿por qué esa cara de pocos amigos?
—No, no es eso, lo que quiero decir es que…
—¡Bah! Olvídalo. Niños, ¡a comer!
Con el enfado claramente marcado en el rostro, Yumin salió al salón. Taejun, que se había quedado solo en la cama del dormitorio, soltó un largo suspiro.
“Ko Yumin, no tienes ni idea…”
Se presionó las sienes, que le latían con fuerza. La verdad era que Taejun estaba a punto de entrar en su gran celo.
Cuando un suin tigre encuentra a su pareja, se imprime en ella y estabiliza la relación, su celo adquiere una forma completamente distinta. Todo su cuerpo se obsesiona con una sola cosa, marcar a su pareja, sembrar su semilla y lograr la concepción. Enloquecen con la idea, se entregan al sexo sin distinguir el día de la noche, y no es raro que lleven al otro al límite hasta hacerlo desmayar.
Taejun temía volverse violento con Yumin. Ya habían pasado un celo juntos, sí, pero lo que se avecinaba sería de una intensidad completamente distinta. Si no tenía cuidado, Yumin podría salir herido.
“El problema no es el tercero. Es que el celo llegará la próxima semana. ¿Qué voy a hacer?”
Tal vez debería irse unos días a una cabaña aislada.
Taejun tomó una decisión seria, tendría que mantenerse alejado de Yumin por un tiempo.
ˏˋ꒰♡ ꒱´ˎ
—¡Mira esto! ¿A que es divertido?
Yumin estaba ocupado agitando un juguete con forma de cola de zorro frente a los bebés que gateaban. Lo había pedido por internet en una tienda de artículos para gatos y resultó ser una maravilla. Los felinos, por instinto, se sienten atraídos por cosas que se mueven con ligereza, y los pequeños no eran la excepción: estiraban sus manitas como brotes de helecho para atrapar el juguete.
—¡Kya!
—Grrr… prrr… prrr…
Los bebés atraparon la cola de zorro con ambas manos y se dejaron caer de espaldas, rodando por el suelo entre risas felices. Era una escena de lo más pacífica, pero el ánimo de Yumin no era precisamente sereno.
“¿No quiere un tercero? ¿Por qué?”
La verdad era que últimamente el contacto físico con Taejun había disminuido. Antes no pasaba un día sin que hicieran el amor, pero ahora, por más que Yumin lo provocara, él apenas reaccionaba.
Intentó convencerse de que era por el cansancio de cuidar a los niños, pero cuando lo pensaba junto con la forma en que Taejun evitaba el tema del tercer hijo, algo se le revolvía por dentro.
“¿Y si ya no le excito? Llevamos tiempo juntos, tenemos dos hijos…”
Era una idea espantosa. Quería creer que no era posible, pero una vez que la sospecha se colaba, no dejaba de pensar en ello. En los programas de televisión hablaban seguido de parejas que, tras tener hijos, caían en la temida “sequía sexual”. Incluso en el drama que Yumin seguía últimamente, la esposa terminaba engañando al marido porque él ya no la tocaba.
De pronto, se levantó de un salto y se miró en el espejo de cuerpo entero. Como siempre, su rostro redondeado y su peinado prolijo, con el flequillo cubriéndole la frente, estaban en orden. Nunca le interesó demasiado arreglarse el cabello.
No sentía que su cara hubiera cambiado. Objetivamente, seguía igual, y además, Yumin siempre se había considerado guapo. Sus mejillas suaves combinaban con la ligera curva de sus ojos y sus labios carnosos se curvaban con encanto al sonreír.
Su cuerpo no había cambiado mucho antes ni después del parto. Lo único nuevo era la cicatriz de la cesárea en el vientre bajo. Pero no creía que una simple marca fuera suficiente para apagar el deseo de Taejun.
“Entonces… ¿será la ropa?”
Se dio una palmada en la rodilla. En los días en que se esforzaba por seducir a Taejun, Yumin era todo un referente de estilo. Compraba chaquetas caras, camisas de gasa con transparencias, y solo usaba zapatos de marca.
Incluso con los calcetines era exigente: solo aceptaba seda de la mejor calidad. Es cierto que, por sugerencia de Taejun, había usado ropa amarilla chillona y calcetines blancos, pero en el fondo, Yumin era un suin muy sensible a la estética.
—¡Un momento!
De pronto, su mirada se detuvo en sus pies. Llevaba puestos, sin darse cuenta, los ya habituales calcetines blancos. Los niños, al menos, habían recibido manoplas negras de sus parientes, manteniendo el linaje del lince de patas negras. Pero él… él se había convertido en un adepto de los pies blancos.
—…Es eso. El problema son los pies blancos.
Ver sus pies tan pálidos y deslucidos le resultaba desconcertante. No tenían chispa, ni misterio. Eran insípidos, sin carácter, sin atractivo. ¿Cómo había podido vivir así tanto tiempo?
Mientras Yumin temblaba de indignación, sonó el timbre de la puerta. Era su padre. Cada semana, los gemelos pasaban un día en casa del abuelo, simplemente porque este no podía resistirse a lo adorables que eran.
—¿Ya llegó?
—No podía aguantar más sin ver a mis nietos. ¡Tráemelos ya!
—Sí, sí, un momento.
Poco después, Taejun salió del dormitorio y saludó a su suegro. Preparó cuidadosamente las cosas de los niños y los acomodó con delicadeza en el cochecito. Al reconocer al abuelo, los gemelos chillaron de alegría.
—Vuelvan pronto, chicos.
—Que tenga un buen viaje, suegro.
Cuando los hijos y el padre de Yumin se fueron, la casa por fin se quedó en silencio.
—Yumin. Yo estaré en el estudio.
—¿Por qué?
—Tengo algunos libros que leer.
Taejun desapareció como el viento. En circunstancias normales, se habría lanzado a sus labios en cuanto se quedaran solos, pero esta vez era extraño. Yumin se dio varias palmadas en la cara para aclararse.
‘Seguro que su líbido ha disminuido. Ya no le resulto atractivo….’
Apretó los ojos con fuerza. Estaba furioso y se sentía dolido, pero él no era un súcubo cualquiera. En cuanto a ferocidad y determinación, era el más destacado del planeta. ¿Hasta dónde tenía que llegar para haber ingresado en la Universidad Nacional de Corea con el único propósito de encontrar marido?
‘Uf… Puedo hacerlo.’
Yumin todavía deseaba a Taejun. Como el padre de sus hijos y como un macho increíblemente atractivo. Yumin apretó el puño con fuerza.
ˏˋ꒰♡ ꒱´ˎ
—Aah… me estoy volviendo loco.
Había elegido un libro grueso al azar, pero Taejun no podía concentrarse. Pasó las páginas sin sentido y luego dejó el libro. Se había esforzado enormemente en evitar a Yumin desde hacía un rato.
Había salido a comer cuando no había nadie en la cocina por temor a encontrárselo, y si oía el más mínimo sonido de que Yumin se estaba duchando, se tapaba los oídos. Solo con imaginar el cuerpo mojado de Yumin, su miembro se ponía tan erecto que era insoportable.
Según sus cálculos, su gran celo comenzaría la próxima semana. Había pensado que hoy, sábado, estaría bien, pero su miembro seguía tensándose. Ahora mismo, el miembro entre sus piernas comenzaba a ponerse rígido, dispuesto a erguirse.
—¿Quizás debería aliviarme un poco?
Taejun se lamió los labios y murmuró. Si se masturbaba ahora que estaba solo, su deseo probablemente disminuiría. Yumin rara vez entraba en el estudio, así que no había riesgo de que lo descubriera.
En una esquina del estudio había un sofá bastante grande, aunque tan grande como una cama. Era el lugar donde a veces tenían sexo cuando tenían prisa. Como no podían estirar el cuerpo por completo, Yumin tenía que levantar una pierna, y la escena era absolutamente espectacular. Podía ver vívidamente cómo su pequeño orificio rosado se abría con dificultad para recibir su miembro.
—Mm.
Solo con recordar sus experiencias pasadas, su miembro se puso duro como una roca. Taejun miró la entrepierna de sus pantalones y luego, con cuidado, agarró la cremallera. Estaba a punto de bajarla cuando escuchó un muy pequeño gemido.
‘¿Qué fue eso?’
Si Taejun no había oído mal, el sonido provenía del otro lado de la pared. Era donde estaba el dormitorio principal. Volvió a oírlo, esta vez un gemido claro y ahogado. Era, sin duda, la voz de Yumin.
Taejun acercó su oído a la pared. Esta pared era la más cercana a la cama del dormitorio. Se imaginó a Yumin tumbado en la cama, gimiendo.
—Aahn… ah… uhn, ah…
Los gemidos lascivos y ahogados se hicieron cada vez más fuertes. Estaba claro que se estaba masturbando. El miembro de Taejun se hinchó como un garrote. No podía ponerse más erecto.
Temiendo que pudiera escaparse algún sonido bestial, Taejun se tapó la boca con una mano. ¿Qué debía hacer con su entrepierna, a punto de reventar? Si se masturbaba aquí, sentía que irrumpiría en la habitación de al lado y se abalanzaría sobre Yumin.
—Ugh.
Fue en ese momento. La cabeza de Taejun zumbó con un *dung*. Era un vértigo que nunca antes había experimentado. Un calor abrasador recorrió su cuerpo, como si un gran incendio ardiera en su interior. Tenía la garganta seca y una sensación de ardor en el estómago. Le faltaba el aire, como si toda el agua de su cuerpo se hubiera evaporado.
Pronto, el calor se dirigió hacia su abdomen inferior. Su miembro, ya completamente erecto, se puso duro como una piedra. Anhelaba clavar su miembro en el húmedo y suave orificio de Yumin al instante. Sentía un deseo irresistible de irrumpir en la habitación de al lado, derribar a Yumin y tomarlo.
—Ah, no… ¡No!
Una pequeña voz en su cabeza le advertía: «Tu gran celo ha llegado de repente. No debes tocar a Yumin bajo ninguna circunstancia. Quédate aquí sin moverte».
Al mismo tiempo, otro Taejun le susurraba que olvidara esas tonterías y que se dejara llevar por su instinto sin dudarlo. No podía elegir fácilmente a ninguno de los dos. Mientras tanto, desde el otro lado de la pared, los gemidos que le quitaban el aliento seguían llegando de forma tentadora.
—Ahn, Tae… Taejun.
Yumin había pronunciado su nombre. Taejun se levantó de un salto. Ya no tenía la paciencia ni la razón para contenerse. Salió corriendo y abrió la puerta del dormitorio de un golpe.
Dentro de la habitación, con las luces apagadas y solo una tenue luz de noche encendida, vio a Yumin, completamente desnudo en medio de la cama. Estaba boca abajo.
Parecía no haberse dado cuenta de la entrada de Taejun, ya que comenzó a mover las caderas. Ya fuera porque le gustaba frotarse contra el colchón o por otra razón, soltaba gemidos agudos.
—Haa, haa… ah.
El ritmo de sus caderas se aceleró. Con cada movimiento, los firmes glúteos de Yumin también temblaban. Para la postura tan lasciva que tenía, su piel era demasiado blanca y limpia.
Taejun recorrió con la mirada desde sus glúteos, pasando por sus muslos carnosos, hasta sus rodillas rosadas, y luego dudó por un instante.
Yumin llevaba calcetines negros desde sus finos tobillos hasta la punta de los pies. Cada vez que los movimientos de la mano de Yumin se volvían más bruscos, se veía claramente cómo se contraían los dedos de sus pies dentro de los calcetines.
Era increíble. Estaba completamente desnudo, salvo por los calcetines negros. Una vestimenta que, vista de cierta manera, podría parecer cómica. Sin embargo, el hecho de no estuviera completamente desnudo excitaba la lujuria de Taejun.
Además, los pies de Yumin tenían un tono rosado en varios puntos, y solo con verlos se le hacía la boca agua. Al imaginarse la escena de los dedos de los pies arrugándose dentro de los calcetines, de Taejun se escapó un ronco gemido sin darse cuenta.
—Ko Yumin.
—Tae-Taejun.
Yumin levantó la cabeza sobresaltado y miró hacia atrás. A pesar de su evidente pánico, emanaba una lujuria que no podía ocultar.
Ante un Yumin con los ojos vidriosos y los labios enrojecidos, Taejun estaba indefenso. Se acercó a la cama sin dudarlo y montó sobre Yumin.
—¡Ah!
—¿Quién te dijo que hicieras esto?
—¡Ahn!
—Huu… Si estoy aquí, ¿por qué estabas haciendo esto, ¿eh?
Taejun agarró y retorció el pezón de Yumin. Yumin se estremeció con un chillido agudo.
—¡Ah!
—Ko Yumin. ¿Te sentías bien tocándote solo?
—No-no… ¡no!
—¿Entonces?
—Que cuando lo tocas tú… ¡haff!… se siente mucho mejor
Aunque dijo que le picaba, Yumin no apartó la mano de Taejun. Al contrario, empujó su pecho contra los dedos de Taejun y hasta movió las caderas. Su expresión de éxtasis era encantadora.
La mano de Taejun se deslizó hacia el espacio entre los glúteos de Yumin. El pequeño orificio estaba cerrado con fuerza.
—Y por aquí.
—Po-por aquí…
—¿Te metiste los dedos?
—No, no.
—¿Por qué? Si te tocastes por delante, por qué dejaste esto tranquilo.
Taejun preguntó mientras frotaba la piel sensible en la entrada del orificio.
—Con mis propias manos… no me siento satisfecho… Tiene que ser lo tuyo… ¡hngg!… Tiene que entrar algo grande.
—Nuestro Yumin es muy sincero. ¿Te sentías vacío por aquí?
—Si-sí…
—Entonces, ¿qué deberíamos hacer?
—Mé… métetelo…
Yumin gritó con urgencia. Taejun tumbó a Yumin boca arriba, le agarró ambos tobillos y le abrió las piernas. Hundió la cabeza entre sus piernas, ahora completamente expuestas. Sacó la lengua y lamió alrededor del orificio.
—¡Ahn!
Habiendo absorbido a propósito solo el perineo y los muslos, Yumin se retorció. Sintió cómo el orificio se contraía, pero Taejun ignoró la señal. De repente, metió la lengua dentro del orificio.
—¡Augh!
Los dedos de los pies de Yumin se encogieron. También tembló violentamente, como si hubiera recibido una descarga eléctrica. Taejun sintió esa convulsión en la palma de su mano.
Uno de los pies de Yumin subió y se posó sobre la entrepierna de los pantalones de Taejun. Con el arco cóncavo de su pie, pisa en broma la enorme erección. Le dio vibraciones suaves con la punta del pie y luego rozó ligeramente el empeine. Un gemido reprimido escapó de la boca de Taejun. Yumin involucró también su otro pie.
Con ambos pies, frotó suavemente la entrepierna de Taejun antes de retirarlos. Taejun agarró con fuerza sus dos pies y restregó bruscamente su entrepierna contra los arcos. *Puk, puk*, con el sonido de sus embestidas, disfrutó de la sensación suave y esponjosa.
—¡Hah, ahn!
La sensación era extraña. Simplemente se había puesto los calcetines que tanto cuidaba para seducir a Taejun, pero ahora tenía las plantas de los pies picantes y calientes.
El tobillo que Taejun agarraba con fuerza le producía un hormigueo eléctrico. Cada vez que Taejun se movía como para clavarle su miembro, una excitación espesa y pegajosa brotaba de él. ¿Podía sentirlo con los pies? Era una hipótesis absurda. Pero la única razón para que estuviera tan excitado era que sus pies eran una zona erógena.
Taejun estaba captando cada una de las reacciones de Yumin. Había descubierto exactamente dónde tocar para hacer que sus dedos se encogieran más, para hacer que se estiraran las puntas. Yumin, sin duda, estaba sintiéndolo con los pies.
Recordó la vez que, al ver los pies descalzos de Yumin por primera vez, se había sentido extremadamente excitado. Su piel suave y sus dedos rosados eran sospechosamente eróticos; ¿sería una señal de que sus pies eran una zona erógena?
—Huu… Yumin.
Taejun se detuvo y acarició el tobillo de Yumin.
—Quítatelos ahora. Quiero ver tus pies descalzos.
Sin darle tiempo a Yumin para responder, Taejun le arrancó los calcetinos. Ahora completamente desnudo, el rostro de Yumin estaba lleno de timidez y anticipación.
Taejun desabrochó la hebilla que le oprimía y bajó la cremallera. Su miembro imponente saltó hacia fuera y golpeó su vientre. Agarrando los pies descalzos de Yumin, Taejun le levantó las piernas. Cuando se metió los dedos de los pies en la boca y los chupó, Yumin se aterrorizó.
—¡Ahn! ¡No-no lo hagas!
—Quédate quieto.
Al deslizar la lengua entre los dedos de los pies, Yumin soltó un grito ahogado. Parecía que, en efecto, sus pies eran una zona erógena. Taejun mordió obsesivamente el empeine de Yumin y lamió alrededor de sus tobillos.
—Para… por favor.
Yumin juntó sus manos en súplica. Aunque su cansancio era evidente, la urgencia de Taejun por eyacular también era grande. Taejun dobló a Yumin por la mitad, como si le partiera la cintura, y alineó la punta de su miembro con el orificio ya relajado.
—¡Ah!
—Haff.
El glande, grande y duro, dificultaba la entrada. Aunque pensó que no habría problema, ya que lo había recibido en numerosas ocasiones, parecía que su cuerpo se había vuelto a estrechar después de un tiempo sin tener sexo. Taejun sostuvo con firmeza la pelvis de Yumin y se clavó de un solo golpe. Con un sonido húmedo, su entrada se abrió.
—¡Ahn!
Un líquido espeso y blanco brotó del miembro de Yumin. Había alcanzado el clímax solo con la estimulación en su interior, sin siquiera tocar su miembro. Yumin, temblando incontrolablemente, rodeó con sus brazos el cuello de Taejun. Taejun, como si respondiera con gusto a ese gesto, comenzó a mover las caderas.
—¡Aah! ¡Ahn!
La sensación de eyaculación aún no se había desvanecido por completo cuando la estimulación de la penetración se abalanzó sobre él, y una corriente eléctrica recorrió su espina dorsal. Cuanto más rápidas eran las embestidas, mayor era el placer.
Taejun presionó las muñecas de Yumin contra la cama. Era un movimiento instintivo, el de atar a su pareja durante el apareamiento para que no pudiera escapar. Deseando restringirlo por completo, apretó sus finas muñecas hasta casi triturarlas.
—Yumin.
En el momento del clímax, Taejun miró a los ojos de Yumin. Su rostro, perdido en algún lugar entre el dolor y el placer, era adorable. Sus gestos y expresiones lascivas, todo se debía a él. Ese hecho le dio a Taejun una satisfacción violenta.
La fuerza de sus embestidas se volvió increíblemente brutal. Mientras se clavaba en él como si quisiera perforar hasta lo más profundo del vientre de Yumin, Taejun apretó los dientes y finalmente eyaculó. Yumin, que en medio de todo eso se aferraba a él como un poseso, arañándole los hombros y la espalda, le pareció tiernamente conmovedor.
—Eres mío. Aunque siempre lo digo, eres la pareja que yo elegí.
Taejun susurró para sí mismo mientras besaba el dorso de la nariz de Yumin. ¿Qué tonto sería si dejara escapar una presa tan dulce? No te soltaré en toda mi vida. No, si pudiera poseer a Yumin incluso después de la muerte, lo haría encantado.
ˏˋ꒰♡ ꒱´ˎ
Después de pasar su gran celo, Yumin permaneció en cama durante varios días. Su energía estaba por los suelos y su parte inferior, tan maltratada, le dolía tanto que apenas podía caminar. El causante de todo, Taejun, le cuidó durante todo el día.
—Beom Taejun. Estoy muy agotado.
—Lo siento. ¿Qué puedo hacer por ti?
—Cumpleme un deseo.
—¿Cuál es?
—La verdad es que… me gustaría ver un árbol de Navidad.
A las palabras de Yumin, Taejun mostró sorpresa.
—¿Un árbol? ¿Nunca has visto uno?
—Hasta ahora…
—¿Cómo es posible?
—Estamos en medio de la montaña. Nadie hace preparativos de Navidad. Los mayores tampoco le dan ninguna importancia a la Navidad.
—Ya veo. No lo sabía.
Este lugar, el clan de los Ko, era tan anticuado que uno podría creer que es un plató de un drama histórico. No era anticuado ni atrasado, pero al no haber edificios altos y al vivir todos en casas de tejas de barro, tenía un aire de la dinastía Joseon.
—Tampoco jugamos a Papá Noel. Los demás niños crecían engañados por un Papá Noel falso, pero aquí los mayores no se interesaban en esas cosas.
Yumin tenía un aspecto bastante melancólico. Taejun le acarició su cabeza redonda y, mientras lo hacía, se sumió en profundos pensamientos.
—De acuerdo. Entonces, este año yo te haré un árbol de Navidad.
—¿De verdad?
—No miento.
—¡Me encanta!
Yumin le dio un beso sonoro en la mejilla de Taejun. Hasta los adultos de más de veinte años esperaban ilusionados los regalos de Navidad. Yumin, que pasaría su primera Navidad de verdad, estaba eufórico.
Tanto fue su emoción que, en cuanto empezó diciembre, sacó un gran calendario y lo colgó. Cada día que pasaba, tachaba la fecha con una gran equis. También le gustaba escuchar villancicos. Los gemelos, que acababan de empezar a dar sus primeros pasos, bailaban a trompicones al ritmo de la música.
Por fin llegó la Nochebuena. Sus padres se habían llevado a los gemelos temprano, así que en la cama solo estaban Yumin y Taejun. Fue gracias a la consideración de sus padres, que querían que pasaran un tiempo a solas.
A Yumin le costaba conciliar el sueño. Sentía curiosidad por saber cómo sería el árbol que había preparado Taejun. En realidad, llevaba un buen rato recorriendo la casa con la mirada, pero no veía ningún árbol. Incluso había revisado el armario y la alacena, por si acaso lo había escondido allí, pero no encontró ni rastro.
‘¿Dónde lo habrá escondido…?’
Seguro que al amanecer lo descubriría. Con una sonrisa satisfecha, Yumin se quedó dormida suavemente.
Unas horas después, justo cuando el sol asomaba en el horizonte, Yumin se despertó. Se removió entre las sábanas al notar la ausencia del calor de Taejun a su lado, y acabó abriendo los ojos.
—¿Dónde te has ido…?
Al comprobar que las sábanas estaban frías, Yumin se incorporó. Entonces vio algo extraño junto a la almohada: una gran bolsa negra con forma de calcetín.
—¡¿Eh?!
“Debe de ser un paquete de regalos de Santa”, pensó, y sonrió de oreja a oreja mientras rebuscaba dentro del calcetín. Sus dedos toparon con una pequeña tarjeta. Al abrirla, reconoció la letra de Taejun.
| Ven debajo del pino en la montaña trasera. |
Yumin se levantó de un salto y se abrigó a toda prisa. Se puso los guantes de lana negros que le había regalado Taejun, y también el gorro negro a juego. Quedó completamente equipada. No podía evitar que la risa se le escapara a cada momento.
Mientras corría hacia la colina detrás de la casa, Yumin divisó a lo lejos dos grandes siluetas. Una era Taejun. La otra, un muñeco de nieve.
—Guau…
Yumin se quedó boquiabierto al ver al muñeco de nieve, tan alto como Taejun. Un muñeco así de grande… ni viéndolo podía creerlo. Taejun se acercó y la abrazó con fuerza antes de preguntarle:
—¿Qué te parece?
—¡Me encanta! ¡Estoy feliz!
—¿Jugamos a una guerra de bolas de nieve?
—¡Sí! ¡Voy a ganarte!
Los dos se entregaron al juego, olvidando por completo el paso del tiempo. Yumin se encargaba sobre todo del ataque, mientras Taejun se las arreglaba como podía para esquivar. Si se lo hubiera propuesto, Taejun, con su estatura y complexión, habría podido ganarle fácilmente, pero era un hombre que sabía contenerse. Aunque, claro, en la cama con Yumin, parecía no conocer el significado de la palabra “contención”.
Después de un buen rato de revolcarse en la nieve, cayendo y levantándose entre risas, Yumin se detuvo de pronto, como si algo se le hubiera ocurrido.
—Espera un momento.
—¿Qué pasa?
Taejun, que estaba moldeando una bolita de nieve pequeña y suave para no hacerle daño, giró la cabeza para mirarlo. Yumin entrecerró los ojos con picardía y le reclamó:
—Tú… me estás dejando ganar, ¿verdad?
—Jajaja, solo te lo imaginas.
—¿Vas a seguir hiriendo el orgullo de este hombre?
Ante esa acusación, Taejun no tuvo más remedio que rendirse. Alzó las manos y declaró su derrota.
—No te estaba dejando ganar. ¡Estaba dando lo mejor de mí!
—No te creo.
La expresión ofendida de Yumin le pareció tan adorable que Taejun soltó una carcajada sin querer. Eso pareció molestar aún más a Yumin, que levantó el pie con intención de darle una patada en la espinilla. Por suerte, Taejun reaccionó a tiempo y se echó hacia atrás, evitando así una posible tragedia sangrienta.
—¡Vamos a pelear en serio! ¡Prepárate!
—Vale, vale. Pero Yumin, la guerra de nieve puede esperar. Tenemos que ir a un sitio.
—¿A dónde?
—A un lugar que te va a encantar.
—¿De verdad?
—Nos vamos de viaje.
—¡¿Qué?!
—Vamos a buscar tu pasaporte. Ahora mismo.
—¿No me digas que es un viaje al extranjero?
Ante lo inesperado de sus palabras, las orejas de Yumin se alzaron como las de un lince. El no lo notaba, pero la emoción del momento había hecho que le brotaran orejitas felinas. Taejun ya le había tomado varias fotos en secreto. Con la mirada fija en aquellas orejas animales, Taejun habló con voz suave.
—Dijiste que querías sentir el espíritu navideño. Entonces, solo confía en mí y sígueme.
—¿Por qué no me lo dijiste?
Las palabras de Yumin podían interpretarse de dos maneras. La primera: por qué no le había dicho adónde iban. La segunda: por qué no le había dicho nada cuando le salieron orejas de animal. Sorprendido, Yumin se caló el gorro negro que llevaba en el bolsillo y fulminó a Taejun con la mirada, pero él fingía no saber nada, mirando hacia otro lado.
—Porque estabas adorable.
—Hmm.
Aun así, Yumin era débil ante los halagos de Taejun. De todas formas, estaban en la ladera trasera de una montaña donde no pasaba nadie, así que no era gran problema dejar las orejas al descubierto. Sin saber qué más decir, Yumin volvió a encararlo.
—¿Y esto?
—¿Esto qué?
—¿Cuándo lo preparaste sin que me diera cuenta?
Taejun le dio un beso suave en la mejilla y sonrió con picardía. En sus ojos brillaba un amor inmenso, una ternura sin reservas hacia Yumin. Pero el sentía que aún tenía derecho a reclamar.
—Solo investigué un poco por mi cuenta. No fue tan difícil.
—Aun así…
—Quería que fuera una sorpresa. Así que no te enojes, ¿sí?
Ante ese gesto inusualmente tierno de Taejun, el corazón de Yumin se ablandó un poco. Fingiendo molestia, resopló y giró la cabeza hacia el otro lado. Entonces Taejun la rodeó suavemente con un brazo y lo hizo mirarlo.
—Es un vuelo largo. Aún falta para llegar, así que deberías dormir un poco.
—Estoy nervioso, no puedo dormir.
—No puedes estar cansado. Hay muchas cosas que hacer cuando lleguemos, así que duerme un poco.
Yumin se giró y apoyó la cabeza en el hombro de Taejun. Al sentir el calor de su cuerpo y la firmeza de su hombro, el sueño los envolvió como por arte de magia.
—No me dejes solo…
No estaba claro qué lo inquietaba, pero Yumin murmuró algo sin sentido. Tal vez era solo un balbuceo entre sueños, pensó Taejun, pero aun así le pareció tan adorable que no pudo evitar reír.
Estaban en un avión rumbo a Nueva York. En tres horas más, llegarían a su destino. Mientras los villancicos navideños resonaban por toda la ciudad, el avión que los llevaba surcaba con calma el cielo sobre un paisaje nocturno deslumbrante.
ˏˋ꒰♡ ꒱´ˎ
—Guau…
Al salir del aeropuerto, Yumin abrió la boca con asombro. Aunque no hacía tanto frío como en Seúl, el aire era bastante fresco. Taejun, que venía detrás, le rodeó el cuello con una bufanda. Yumin, aún maravillado, no podía dejar de mirar a su alrededor, embelesado por todo lo que la rodeaba.
—¿Qué te parece?
—No me lo creo. Es como un sueño… No puedo creer que esté en Nueva York por Navidad.
Los ojos de Yumin brillaban como estrellas. Taejun le ajustó bien la bufanda, le colocó el gorro y le dio un beso en la frente antes de soltarlo.
—No es un sueño.
—Es imposible.
Hasta hacía nada, los dos estaban lanzándose bolas de nieve en la colina detrás de casa. Y ahora, sin saber cómo, estaban en pleno centro de Nueva York. A Yumin le costaba procesar lo que estaba pasando.
Como era la primera vez que Yumin hacía un viaje improvisado, Taejun se había encargado de preparar todo con antelación. Incluso mientras la llevaba en coche al hotel, Yumin no dejaba de soltar exclamaciones de asombro. Tal vez abrumado por un paisaje tan distinto al de Seúl, pegaba la cara a la ventanilla para mirar afuera, y hasta en eso se veía adorable.
—¿Te gusta tanto?
—Sí. Cuando vine por primera vez a Seúl también me sorprendí un montón, pero esto… esto es otra cosa.
—Vamos a venir seguido. Cuando los niños crezcan, los traemos también.
—¡Me encantaría!
—Ah… ahora sí que puedo respirar…
Los dos estaban ahora tumbados en la bañera, como si se hubieran desplomado allí. Por muy emocionados que estuvieran, el cansancio era otra historia. Agotado por el viaje, Yumin se había dejado caer en la cama apenas llegaron al hotel. Taejun le convenció con dulzura para que se metiera en la bañera, y allí, en el agua caliente, lo ayudó a relajarse. A medida que su cuerpo se iba soltando, Yumin se dejó caer en los brazos de Taejun, sintiendo su calor.
—¿Está bien?
—Sí, está calentito.
Taejun, abrazándola por detrás y besándole la nuca, le susurró la pregunta. Yumin asintió con sinceridad.
Antes de lanzarse de lleno a recorrer la ciudad, ambos habían acordado tomarse un tiempo para recargar energías. No había prisa. Los padres de Yumin estaban cuidando de los niños, y no había nada de qué preocuparse.
—Esto es maravilloso. Gracias.
—Espera un momento, tengo algo para ti.
—¿Qué cosa?
Yumin giró la cabeza para mirarlo. Taejun sonrió sin decir nada, le tomó la muñeca con suavidad y, antes de que el pudiera reaccionar, le colocó una pulsera.
—¿Esto es…?
—Un regalo de Navidad.
No era ostentosa, pero sí elegante y de diseño refinado. Incluso para alguien como Yumin, que no entendía mucho de joyas, la pulsera se veía costosa. El trabajo era delicado, y el brillo sutil del metal atrapaba la mirada.
A los gatos les gustan las cosas que brillan. Cuando ven una pulsera o un collar con un cascabel o un dije, tienden a golpearlo con la patita. Todos los gatos son así, y Yumin no era la excepción.
—¿Cuándo preparaste esto?
La sucesión de sorpresas de Taejun llenó de emoción el corazón de Yumin. Su voz tembló sin querer, y Taejun la abrazó por detrás. El calor que brotaba del contacto piel con piel humedecía aún más el corazón de Yumin.
—Ya que estamos aquí, quería hacerlo todo. ¿Te gusta?
—Sí… me encanta.
Yumin giró un poco el cuerpo y rodeó el cuello de Taejun con los brazos. Se besaron largo y profundo. Sus labios sabían tan dulces que no podían separarse.
—Haa…
—Yumin…
La voz de Taejun sonaba ronca, cargada de deseo. Yumin, que ya sabía lo que vendría después, lo detuvo un momento. También el deseaba entregarse a ese amor ardiente en la bañera, pero antes tenía algo que hacer.
—Espera un segundo.
—¿Qué pasa?
Taejun preguntó con impaciencia. Ya no era el hombre sereno y tranquilo de siempre, sino alguien embriagado de amor y deseo, y eso lo hacía aún más adorable. Yumin le besó la mejilla con ternura. Taejun lo abrazó con fuerza, como si no quisiera dejar escapar ni un solo rincón de él. Yumin, apoyado en su pecho, susurró suavemente:
—Yo también tengo algo para ti, Taejun.
—¿Qué es?
Taejun se sorprendió. No había notado que Yumin hubiera preparado ningún regalo, y ahora no podía evitar preguntarse qué sería.
—Es un regalo… bueno, no sé si llamarlo regalo. Supongo que sí lo es.
—¿Pero qué es?
—Shh. Acércame el oído.
Yumin lo atrajo hacia sí y le susurró al oído:
—Ve pensando el nombre del tercero.
Al principio, Taejun no entendió lo que quería decir. Un instante después, cuando por fin descifró el sentido de aquellas palabras, abrió los ojos de par en par. Y entonces, como un tigre rugiendo por toda la montaña, lanzó un grito de júbilo que retumbó en el aire.
—¿¿¿El tercero??? ¡¿De verdad?!
—¿Tú crees que te mentiraría con algo así?
—No… es que me dejaste en shock. ¿De verdad?
—Sí. Felicidades, papá. Ahora tenemos tres hijos.
Yumin lo dijo con una sonrisa. Aunque fingía estar un poco molesto, en realidad se sentía profundamente feliz por la nueva vida que crecía en su interior. De hecho, al principio había pensado en envolver la ecografía como regalo de Navidad y dársela así.
Pero al ser arrastrado de improviso a Nueva York, se le había quedado el regalo en casa. Dudó si esperar a volver para contárselo, pero ya que estaban celebrando una Navidad íntima en un lugar tan lejano, decidió entregarle el regalo allí mismo.
Taejun reaccionó con una alegría mucho mayor de la que Yumin había imaginado. Al verlo así, su corazón se llenó de ternura y felicidad.
—Voy a esforzarme aún más.
—¡Por supuesto! El tercero también lo crías tú.
—Lo digo en serio. Te amo, Yumin.
—Y yo a ti. Muchísimo.
—Yo más.
—¡Mentira! ¡Él que dio el primer paso fui yo!
—Pero míranos ahora. Mi amor es mucho más grande.
Sin saber quién empezó, sus labios se encontraron en un beso. A los oídos de Yumin le pareció escuchar un villancico dulce y lejano. El aire era suave, y el calor del cuerpo amado era lo más cálido del mundo.
En la noche en que Santa Claus reparte regalos a los niños buenos, ellos también se dieron un obsequio que jamás olvidarían.
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♥ Gracias ♥
Hola muchas gracias a todos por leer en Newcat ♥