Transmigré como sirviente en una novela +19 de un ex jefe mafioso - Capítulo 62

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Al escuchar la palabra sirvienta, la mirada de Jeong Hwangyu titubeó. Me miró desde arriba.  

 

Ante esos ojos incrédulos, lo miré fijamente y pronuncié con claridad:  

 

—Soy Park Gyumin.  

 

—¿Park Gyumin…? Pero Park Gyumin es un hombre.  

 

Extendí la mano, agarré la peluca y me la quité de golpe. Solo así parecía que iba a creerme.  

 

Entonces, bajo la peluca, quedó expuesto mi cabello corto.  

 

La fuerza se escapó de las manos de Jeong Hwangyu.  

 

Por fin parecía comprender la situación.  

 

Me aparté un paso y dije:  

 

—Yo… no, solo me vestí de mujer para poder salvar al joven señor.  

 

—Imposible. ¿Mi salvador…? ¿La persona de la que me enamoré eres tú…?  

 

Que me llamara salvador, vaya y pase… ¿pero enamorado?  

 

Ante esas palabras incomprensibles, dudé de mis propios oídos.  

 

Jeong Hwangyu negó con la cabeza, incapaz de creerlo. Tal vez por el shock, o quizá por haberse esforzado demasiado apenas levantarse, volvió a desvanecerse.  

 

—¡Ay!  

 

Jeong Hwanseo, que estaba detrás, lo atrapó rápidamente antes de que cayera.  

 

—Parece que el impacto fue demasiado fuerte.  

 

—Ja… ja, ja.  

 

Reí con torpeza. Jamás imaginé que Hwangyu pudiera confundirme con una mujer.  

 

Jeong Hwanseo lo levantó como si fuera un saco y lo arrojó sobre la cama.  

 

Hwangyu cayó sin fuerzas sobre el colchón.  

 

Observando la escena, Hwanseo chasqueó la lengua.  

 

—Nada más despertar, preguntaba quién era la mujer que lo cargó a la espalda, quién era la que estaba con él en el motel, que era su salvadora, que se había enamorado a primera vista… No dejaba de armar escándalo. Gritaba tanto que casi me revienta los oídos.  

 

—Ya veo…  

 

Respondí sin alma. Pensé que, estando inconsciente, no recordaría nada, pero parece que algunos fragmentos sí quedaron. Si me buscaba, era prueba de ello.  

 

Hwanseo se dejó caer en una silla, apoyó la barbilla en la mano y me observó fijamente.  

 

Su mirada, tan descarada como si quisiera descubrir algo, me resultaba insoportable. Bajé la cabeza y moví los ojos de un lado a otro.  

 

—Bueno… supongo que con esto basta para reconocerlo.  

 

—¿Eh?  

 

“¿Reconocer qué, exactamente?”

 

—No, solo hablaba para mí. Ya puedes dejar de vestirte de mujer, ¿verdad?  

 

—Sí… supongo que… sí.  

 

“¿Acaso alguien cree que lo hago porque quiero?”  

 

—Ajá. Llamas demasiado la atención, no conviene. Además, Hwangyu parece estar mejor, así que volvamos a casa.  

 

—¿Eh…?  

 

Como si hubiera tomado una decisión, Hwanseo se levantó de golpe y me agarró de la muñeca, arrastrándome fuera de la habitación.  

 

Me dejé llevar, sorprendido, y lo miré con ojos desconcertados.  

 

“¿Y Hwangyu? ¿Cómo vamos a irnos los dos y dejarlo aquí?”

 

Leyó mi mirada y se encogió de hombros.  

 

—Lo vi hace un momento y estaba perfectamente. Hay que hacer los trámites de alta y llevarlo a casa.  

 

—Ah…  

 

“¿Tan rápido?”

 

Así, Hwanseo y yo gestionamos la salida del hospital, y luego él cargó a Hwangyu, aún sin recuperar la conciencia, como si fuera un saco, y lo metió en un taxi.  

 

Quise pedir que compráramos ropa para cambiarme, pero dentro del taxi en marcha no me atreví a decir nada.  

 

Al menos tuve la suerte de que Park Hajoon estaba fuera y no llegó a ver mi disfraz.  

 

De ese modo, el secuestro de Hwangyu terminó convirtiéndose en un absurdo episodio en el que él acabó enamorándose de mí, y todo se cerró de manera confusa pero definitiva.  

 

ˏˋ꒰♡ ꒱´ˎ

 

—¿Qué hay para desayunar?  

 

—Este acompañamiento se ve delicioso.  

 

—¿Qué vamos a hacer hoy?  

 

—¿No hay nada en lo que pueda ayudarte?  

 

Ay, me va a volver loco.  

 

Desde temprano, Hwangyu no se despega de mí, parloteando como un gorrión.  

 

Si voy al refrigerador, él detrás; si voy a la mesa, él detrás… No puede quedarse quieto sin seguirme.  

 

Aunque su cuerpo ya se ha recuperado, dice que aún tiene heridas emocionales y por eso no va a la universidad. En pocos días se ha convertido en mi sombra.  

 

Pensé que, al descubrir que aquella “mujer” era yo disfrazado, se rendiría. Pero lo subestimé.  

 

“No puedo renunciar a ti. Nunca me importó si era hombre o mujer. Aunque sea beta, contigo está bien. ¡Salgamos juntos!”, suelta esas tonterías sin pudor.  

 

Y lo peor: lo dijo delante de todos, con Hwanyeong, Hwanseo y Hajoon presentes.  

 

Solo de recordarlo me da vértigo.  

 

Incluso Hwanseo, por primera vez, soltó un insulto breve: 

 

—Está loco.

 

A pesar de haber rechazado claramente aquella confesión, Hwangyu seguía insistiendo, convencido de que “no hay árbol que no caiga tras diez hachazos”. Su perseverancia me sacaba de quicio.  

 

—Ay, mi lindo Hwangyu, ¿no crees que ya basta? ¿No notas la mirada cansada con la que el sirviente te observa?  

 

—¡¿Sirviente, qué sirviente?! ¡Si Park Gyumin tiene un nombre precioso! ¿Verdad, Gyumin?  

 

No sé desde cuándo empezaste a pronunciar mi nombre con tanta dulzura, pero prefería cuando simplemente me llamabas “¡eh!”.  

 

Ignoré sus disparates y me concentré en preparar la mesa del desayuno. No podía dejarme arrastrar por Hwangyu eternamente; tenía mis propias cosas que hacer.  

 

—Buenos días, hermanos. Buenos días también, hermano sirvientr.  

 

—¿Ya despertó nuestro pequeño?  

 

—Enano, ¿dormiste bien?  

 

—El tercer hermano otra vez pegado al hermano sirviente, ¿eh?  

 

La mirada de Hwanyeong hacia Hwangyu estaba cargada de lástima. Pero Hwangyu respondió con orgullo:  

 

—¡Claro! ¡Debo proteger a mi beta!  

 

—Pero el hermano sirviente no parece tener esa intención.  

 

—¡Es que le da vergüenza! ¿Verdad?  

 

Si respondía, aquello no tendría fin. ¿De qué servía rechazarlo cien veces, si él no estaba dispuesto a escuchar? Solo me desgastaba la boca.  

 

—Coman, por favor.  

 

A mi invitación, todos se sentaron a la mesa.  

 

—Ah, por cierto, desde la próxima semana el hermano Hwanhee trabajará desde casa.  

 

Fue Hwanseo quien lo dijo, mientras picoteaba el arroz.  

 

—¿Eh? ¿Qué es “trabajar desde casa”? —preguntó Hwanyeong, con los ojos muy abiertos. Para él, aún pequeño, era una expresión demasiado difícil.  

 

Hwanseo, divertido por su inocencia, le revolvió el cabello y explicó:  

 

—Significa que ahora trabajará en casa.  

 

—¿De verdad? ¡Entonces podré ver al hermano mayor todos los días!  

 

—Por supuesto.  

 

—¡Guau!  

 

Hwanyeong gritó emocionado.  

 

“¿…Trabajar desde casa?”  

 

Pero, a diferencia de su entusiasmo, yo no pude evitar sentirme desconcertado.  

 

En el flujo de la historia, el teletrabajo de Hwanhee marcaba el punto de ascenso en la trama. Era el momento en que, enamorado de Park Hana, decidía acercarse más a ella.  

 

Claro que aquello solo era posible porque los asuntos urgentes ya estaban resueltos.  

 

Pero… ¿cómo podía empezar a trabajar desde casa si Park Hana no estaba?  

 

“¿La novela sigue su curso principal sin importar qué?”  

 

Con la situación desarrollándose así, no podía interpretarlo de otra manera.  

 

Pero entonces… ¿qué pasa con Park Hana?  

 

Si ha sido reemplazada por Park Hajoon, ¿significa que ahora él se convierte en protagonista?  

 

Uf, esto es un lío. ¿Qué demonios está ocurriendo aquí?  

 

Mientras me perdía en mis pensamientos, apareció Park Hajoon en la cocina, recién terminado de limpiar, para beber agua.  

 

Ya parecía acostumbrado al bullicio de los hermanos. Bebía de golpe, con rudeza, hasta que notó mi mirada; entonces, como si se diera cuenta de lo masculino que había sido ese gesto, empezó a beber con delicadeza.  

 

“…Más tarde tengo que llevar la ropa a la tintorería. Quizá allí podamos conversar un poco.”  

 

Últimamente, acosado todo el día por Hwangyu, apenas había podido hablar con Hajoon. Me intrigaba qué pensaba él, convertido ya no en espía, sino en auténtico sirviente de esta casa.  

 

—¿Tengo algo en la cara?  

 

“¿Lo habré mirado demasiado fijamente?”

 

—No, nada.  

 

Me limité a encoger los hombros y dar por terminada la conversación.  

 

ˏˋ꒰♡ ꒱´ˎ

 

—¡Yo también voy!  

 

Lo miré con calma.  

 

Solo había dicho que saldría con Park Hajoon, y ya estaba armando un escándalo.  

 

Lo rechacé tres veces, con claridad, pero Hwangyu seguía insistiendo sin descanso.  

 

Eché un vistazo alrededor: Hajoon se había ausentado un momento, y Hwanseo y Hwanyeong estaban fuera.  

 

Eso significaba que, en ese instante, solo estábamos él y yo.  

 

Apreté los dientes. Hasta ahora no había podido hablar con franqueza porque había demasiados testigos, pero esta era mi oportunidad.  

 

—Oye.  

 

—¿Eh…?  

 

Mi tono cambió, y Hwangyu se estremeció.  

 

—¿Quieres morir? ¿De verdad?  

 

—¿Por qué… hablas así?  

 

Al percibir la gravedad de mi voz, encogió los hombros.  

 

Lo miré con frialdad y solté, tajante:  

 

—Te lo digo claramente: me gustan las mujeres. Así que deja de acosarme.  

 

—…¡Pero!  

 

Ya no sé cuántas veces he repetido lo mismo.  

 

—Voy a salir un momento. Lo dije claramente. Si me sigues, no me voy a quedar de brazos cruzados.  

 

—…Qué cruel eres.  

 

Jeong Hwangyu frunció los labios en un mohín.  

 

¿De dónde sacaba esa manía de fingir ternura cuando no tenía nada de adorable?  

 

Por suerte, no insistió más en acompañarme.  

Si volvía a empeñarse en seguirme, estaba dispuesto a darle una paliza, pero tenía buen instinto: sabía exactamente dónde estaba mi límite.  

 

Dejé a Jeong Hwangyu atrás y, tomando a Park Hajoon que acababa de salir del baño, me dirigí hacia afuera.  

 

Hasta el último instante, los ojos de Jeong Hwangyu se clavaban en mí con una incomodidad insoportable, pero lo ignoré.  

 

 ˏˋ꒰♡ ꒱´ˎ

 

—…El señor Jeong Hwangyu parece seguir muchísimo al señor Park Gyumin —comentó Park Hajoon con gesto incómodo.  

 

—Ya se le pasará. ¡Vaya, el clima está increíble hoy!  

 

Hablar de Jeong Hwangyu me provocaba dolor de cabeza, así que desvié rápido la conversación.  

 

Al levantar la vista hacia el cielo, Park Hajoon también alzó la mirada.  

 

—Es cierto. Pero… ¿va a dejar todo esto hoy? —preguntó, mirando las bolsas de compras que llevaba en ambas manos.  

 

—Sí. El invierno se acerca, y creo que lo mejor es dejar ya la ropa de temporada guardada.  

 

—Bueno, tiene sentido.  

 

Últimamente Park Hajoon parecía estar de mal humor, pero ahora, curiosamente, se veía más animado. La sonrisa que no se borraba de sus labios lo delataba.  

 

Gracias a eso, el ambiente no era malo. Bien. Tal vez era el momento de sacar el tema.  

 

—Oiga… ¿cómo le va últimamente?  

 

—¿Eh? ¿A qué se refiere?  

 

—Al trabajo de la casa. Siempre digo que quiero preguntarle, pero entre tantas ocupaciones nunca lo hago en serio. Es la primera vez que trabaja como asistente doméstico, ¿no? ¿No le resulta pesado?  

 

—Bueno… no puedo decir que no haya nada difícil… —respondió tras pensarlo un instante, mirándome.  

 

—Pero tengo a alguien que me da fuerzas, así que estoy bien.  

 

“¿Alguien que le da fuerzas? ¿Quién será? ¿Se refería a Jeong Hwanyeong?”

 

Si era así, lo entendía. Yo también, al verlo, sentía cómo se disipaba la irritación que me provocaban Jeong Hwanseo y Jeong Hwangyu.  

 

No le di mayor importancia.  

 

Y entonces, en silencio, empecé a darle vueltas a la cabeza.  

 

Bien, ¿cómo podría sonsacar información sin que pareciera forzado?  

 

Quería preguntar tantas cosas: si seguía con sus labores de espía, qué estaba haciendo Park Hana últimamente… pero no sabía por dónde empezar ni cómo formular las preguntas. Mientras me debatía en ello, de pronto los pasos de Park Hajoon se detuvieron.  

 

Al girarse apenas, su rostro se endureció un poco.  

 

—¿Eh? ¿Qué ocurre? —pregunté.  

 

La mirada de Park Hajoon estaba fija en algún punto.  

 

Intrigado, seguí la dirección de su cabeza… y me quedé petrificado igual que él.  

 

“¿…Qué demonios? ¿Por qué está saliendo de ahí?”  

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